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  • Foto del escritorRedacción Relax

Alejandro Fernández, un talento más allá del apellido



Si bien, muchos hijos de celebridades no consiguen emular el éxito alcanzado por sus padres, el caso de este intérprete es excepcional, pues siendo sucesor de una de las figuras de mayor renombre en su género, desde el inicio de su carrera artística fue observado con escepticismo, pues, no obstante su herencia, las comparaciones siempre tienen un papel importante en cualquier saga, y ésta no ha sido diferente, aunque por poco tiempo, pues los riesgos llegaron y se fueron con la consolidación del propio talento. Hablamos por supuesto, de Alejandro Fernández, conocido en el medio artístico como “El Potrillo”, uno de los intérpretes más aclamado de las últimas décadas.

Alejandro Fernández Abarca, es el tercer hijo varón del cantante, productor y empresario mexicano Vicente Fernández, un ícono de la música hispanoamericana y de la cultura ranchera, quien, para 1971, ya era toda una figura en Latinoamérica, Estados Unidos y España, y había debutado en el cine nacional; así que su retoño creció rodeado por la música, pero también por las vicisitudes del éxito. Su madre es María del Socorro Abarca y tiene dos hermanos mayores: Gerardo y Vicente Jr., también dedicados a la música regional.

Arrastrado por el talento

Cuando Alejandro tenía cinco años de edad, en un emotivo evento, en la ciudad de Texas, donde se homenajeaba a su padre, subió al escenario vestido de charro y ahí, ante la curiosidad de miles de espectadores interpretó el vals Alejandra, lo cual muchos años después reconocería, fue una experiencia traumática, pues sufrió de pánico escénico y hasta olvidó un fragmento de la pieza. A este pinino, siguió la filmación de la película Picardía mexicana I, también al lado de su padre, quien le allanaba el camino, desde muy corta edad.

Aun el empuje y las oportunidades en este medio, el muchacho no deseaba dedicarse a él, así que trató de llevar una vida lo más normal posible hasta los 18 años de edad, cuando Don Vicente lo convenció de participar en su álbum México voz y sentimiento (1990) con el dueto Amor de los dos, una producción bien recibida por el público y que fue, uno de los motivos para que pensara en dedicarse a la música.

La película Mi querido viejo, fue su siguiente trabajo, nuevamente al lado de su padre, por lo que abandonó la carrera de arquitectura que ya había iniciado en la Universidad del Valle de Atemajac, en Jalisco, para enfocarse en la faceta artística.

Éste es mi hijo

1992 marcó oficialmente el arribo de Alejandro a los escenarios. Con el álbum Alejandro Fernández, dejó por sentado que no se había equivocado y que las lecciones de su padre, habían sido bien aprendidas. De este material sonaron fuerte Necesito olvidarla, Brumas y Equivocadamente, para entonces, ya había contraído nupcias con la joven América Guinart.

La década de los 90 fue para El Potrillo, una lluvia consecutiva de éxitos, colocando muchas de sus melodías en las primeras listas de popularidad, tales como: Piel de niña, Acabé de llorar, A la vera del camino y Cascos ligeros, y al promediar ésta, Como quien pierde una estrella, pieza que tuvo gran repunte en la radio, y que en parte, fue la responsable de que la juventud se volcara por la música ranchera; un año después, vinieron Nube viajera y Abrázame, entre otras, que lo posicionaron en el top de la fama.

En este tiempo, además Alejandro aparecía constantemente haciendo duetos con su padre con temas como Perdón, Cuando yo quería ser grande y Paloma querida, que encendían al público, ya que verlos juntos era un verdadero despliegue de talento vocal. Por supuesto que en esta etapa todo parecía miel sobre hojuelas, sin embargo, en 1997, no conforme con sólo mantenerse en el género ranchero, el intérprete optó por grabar el álbum Me estoy enamorando, con la asesoría de Emilio Estefan, dándole un toque diferente a su carrera con baladas románticas, de tintes pop, sin perder su esencia mexicana. Este giro lo llevó a una sentida fricción con su padre, quien no estuvo de acuerdo con dicha decisión, pues había puesto en él toda su confianza como sucesor de su legado, lo que dio lugar a un alejamiento entre ambos.

A pesar de esta situación, Alejandro salió airoso y el tiempo supo justificar su determinación, pues ya era conocido como un artista versátil que comenzó a compartir escenario con estrellas de otras latitudes y géneros musicales, lo que le abrió la internacionalización. Por ello, y debido a motivos familiares, el acercamiento entre padre e hijo volvió a ocurrir, y Vicente Fernández no tuvo más que aceptar que su hijo era diferente a él y que como padre debía darle todo su apoyo.

El resto es historia… estas dos últimas décadas el cantante ha alternado sus producciones, tanto abarcando el género de balada pop, y hasta experimentando con ritmos caribeños, como volviendo a la música de sus inicios, siempre con la aceptación del público. Él sugiere que trata de darle mayor variedad a sus presentaciones, sin olvidar su esencia regional.

Ha pisado importantes escenarios como el certamen Viña del Mar, en Chile y el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, además de otros en las principales ciudades españolas. Se hizo acreedor a dos Grammy Latinos y a seis Premios Billboard, y a la fecha cuenta con alrededor de 35 millones de discos vendidos en todo el mundo, un hecho que en particular provocó que consiguiera el Premio Herencia Hispana en 2019, una distinción que se otorga a latinos sobresalientes.

En febrero de este año, se presentó en un conocido centro de espectáculos de la Ciudad de México, para lanzar su más reciente producción, Hecho en México, con la que nuevamente vuelve a lo suyo, a lo que le dio origen y comparte con su padre.

Hoy, el mismo cantante, a sus 49 años de edad, apoya a su hijo Alex, quien ya ha iniciado su carrera como cantante y se ha presentado con él y con su abuelo. Por cierto, tiene un timbre de voz semejante a la suya, sin embargo, está consciente de que el futuro es cambiante, y que debe estar abierto a eso, pues, aunque el talento se lleve en la sangre cada quien es único, en el corazón del público.

El cantante procreó tres hijos con América Guinart: Alejandro Jr. (26) y las gemelas América y Camila (22), y dos más con la colombiana Ximena Díaz: Emiliano (20) y Valentina (18).

El apodo "El Potrillo" se debe a que el rancho de su padre fue nombrado por éste como "Los Tres Potrillos", en honor a sus tres hijos varones.


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