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  • Foto del escritorRedacción Relax

Los pórticos de Bolonia, un punto de encuentro que enaltece a Italia



No obstante la pandemia por COVID-19, que frenó por varios meses la movilidad turística, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) se dio tiempo este 2021, para considerar e incluir a varias regiones del planeta en su lista de sitios con un valor universal extraordinario, muestra de la grandeza inagotable de la creatividad humana, del afán por conservar la historia y del gusto por lo estético.


En ese orden, el reconocido organismo dio a conocer los 33 lugares que decidió agregar a su relación de Patrimonios Mundiales de la Humanidad, así como el porqué de su interesante elección; y es que los seleccionados deben ser “un testimonio único o, al menos, excepcional de una tradición cultural o de una civilización viva o desaparecida”, o que se traten de “fenómenos naturales de gran importancia o zonas de inusual belleza natural y estética”.


En ese registro, se encuentra la magnífica denominación que abordaremos ahora, que sólo es una más de Italia: Los pórticos de Bolonia, un conjunto arquitectónico que se extiende por la ciudad del mismo nombre, testigo de más de diez siglos de historia, y que, por ello, es un modelo de auténtica conservación, que funge como punto de encuentro y de socialización para habitantes locales como extranjeros. Estos soportales nacieron como propiedad privada, pero, ahora, son de uso público.


Contexto


No se puede separar la importancia de los pórticos de Bolonia del pasado de la ciudad, ubicada al norte de Italia, capital de la región Emilia-Romaña, entre los ríos Reno y Savena; un lugar que fue un importante centro de comercio, por sus canales, y también de cultura, durante el Renacimiento; un espacio de aproximadamente 388 mil habitantes, que es conocido como “la ciudad roja”, en parte, por el color de sus viviendas y por su ideología.


Fue fundada por los etruscos, en el año 1088, bajo el nombre de Felsina; tiempo después, se transformó en colonia romana y adoptó el nombre de Bolonia, la “culta Bolonia”, según el poeta latino Marco Valerio Marcial, una calificación que le ha dado fama hasta nuestros días. Cabe decir que los Estatutos de Bolonia son el documento masónico más antiguo que se conoce.


Fue durante el Medievo cuando se levantaron muchas de sus construcciones y sus pórticos, los cuales soportaron conflictos y dificultades, como el extenso dominio pontificio, que fue objeto de rebeliones e intentos de ocupación en el año 1361, o, incluso, la llegada de las tropas de Napoleón Bonaparte, de ahí su carácter legendario.


Espacio protector



En el sentido literal, un pórtico es un espacio arquitectónico cubierto, integrado por una variedad de columnas anexadas a un edificio, o, también, una galería de arcos o columnas que rodean un patio, una plaza o una obra.


El término pórtico también nace del llamado sporto (soportal), una especie de balcón de madera que se usaba en las construcciones, para ampliar el espacio interior de los pisos altos. Nacieron en el siglo XI, en respuesta a la necesidad de contar con mayor capacidad para viviendas, debido al aumento de la población, causado por el éxodo del campo, por la llegada de estudiantes y profesores a la Universidad de Bolonia y, además, para expandir las actividades comerciales y artesanales en el lugar.


A medida que estas estructuras se fueron incrementando, fue necesario hacer columnas para que las sostuvieran. Las primeras se construyeron con madera, pero, a partir de 1568, comenzaron a hacerse de ladrillos o de piedra. Algunos edificios que aún poseen su pórtico de madera son: la Casa Isolani, en Strada Maggiore, o bien, el Palazzo Bolognini.


Según la historiadora italiana Elena Bonesi, “el pórtico estaba destinado a ser utilizado como vía pública de paso, aunque la propiedad fuera privada. Así, todo edificio privado tenía que construir un pórtico por ley, pero la zona de paso no era de su propiedad; al mismo tiempo, el dueño tenía que limpiar y mantener el pórtico, lo que sigue ocurriendo hoy en día”.


Los pórticos tienen una importancia relativa de acuerdo a: su extensión (uno de ellos mide 3 mil 796 kilómetros de largo, tiene 666 arcos y conduce al Santuario de la Virgen de Luca); por su ubicación (los del centro son muy visitados); por la conexión que tienen con otras construcciones o por su estilo arquitectónico.


Cabe decir que, aunque Bolonia cuenta con un total de 62 kilómetros de pórticos, no todos fueron candidatos al nombramiento que hizo la Unesco; sólo consiguieron la distinción 12 de ellos, que, en suma, representan una sección transversal de la variedad arquitectónica, histórica y microgeográfica, conteniendo partes del centro histórico y de otras de la periferia. En ese orden, fueron elegidos: el pórtico del Pavaglione, el de San Luca, el de Piazza Cavour, el de Piazza Santo Stefano, el del Baraccano, el de Strada Maggiore, el de Vía Farini, el de Vía Galliera, el del edificio de MamBo, el de la Vía Zamboni, el de Santa Caterina y el de La Certosa, de los cuales, el organismo da mayores detalles en su sitio web.


Públicos y privados, pero un paso común


La gente transita por ellos para resguardarse en los días de lluvia, un paso obligado, porque forma parte de la geografía urbana, son sello entrañable de esta localidad, que, por cierto, en 2006, fue reconocida también por la Unesco como Ciudad Creativa de la Música.




Si usted viaja a este destino, con el objetivo de admirar la connotada elección, no deje de visitar: la Universidad de Bolonia, considerada la más antigua de Europa, fundada en 1088, y en la que estudiaron Erasmo, Nicolás Copérnico y Dante Alighieri, entre otros ilustres sabios; la torre Garisenda, con 48 metros de altura (muy mencionada por Alighieri en La Divina Comedia y en otras rimas); y la torre Asinelli, con 97.6; y la Fuente de Neptuno, la monumental obra del siglo XVI, ubicada muy cerca de la Basílica de San Petronio.
En varios pórticos, puede encontrar cafeterías, pizzerías y centros comerciales en los que, sin duda, podrá saciar su hambre, antojo, curiosidad, etcétera, y todo, bajo una atmósfera única y medieval.
Por cierto, Bolonia se encuentra a hora y media de Venecia, viajando en tren.

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