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  • Hedy Hernández

Pinturas rupestres en México




Las pinturas rupestres son una de las formas más antiguas de expresión artística de la humanidad. Son dibujos o grabados realizados sobre superficies rocosas, como paredes, techos o suelos de cuevas o peñascos. Reflejan la visión del mundo, la cultura y la vida cotidiana de los pueblos que las crearon, así como sus creencias, ritos y mitos. Se encuentran en todos los continentes, excepto en la Antártida, y abarcan un amplio periodo, desde el Paleolítico hasta la actualidad.

 

En México, las pinturas rupestres son un testimonio de la diversidad y la riqueza de las culturas prehispánicas y de los grupos de cazadores-recolectores que habitaron el territorio. Se estima que existen más de diez mil sitios con pinturas rupestres en todo el país, principalmente en el norte y el centro.

 

Estas pinturas muestran escenas de cacería, guerra, danza, ceremonia, cosmogonía y simbolismo, así como representaciones de animales, plantas, personas y objetos. Los colores más utilizados son el rojo, el negro, el blanco, el amarillo y el ocre, obtenidos de minerales, vegetales y fluidos corporales. Las técnicas empleadas son el pincelado, el soplado, el raspado, el grabado y el estarcido.

 

Entre los sitios más destacados por la cantidad, la calidad y la antigüedad de las pinturas rupestres en México se encuentran los siguientes:

 

La Sierra de San Francisco, en Baja California Sur, donde se ubica el conjunto pictórico más grande y espectacular de América, conocido como el “Gran Mural”. Fueron descubiertas en 1962 por el explorador estadounidense Harry Crosby, quien realizó varias expediciones por la zona y documentó más de 200 sitios con pinturas.

 

Estas pinturas datan de entre 7 mil 500 y mil años de antigüedad y muestran figuras humanas y animales de gran tamaño y realismo, con una variedad de colores y detalles. Estas pinturas fueron realizadas por los cochimíes, un pueblo indígena extinto, y se cree que tenían fines rituales y mágicos. La Sierra de San Francisco fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993.

 

La Cueva de las Monas, en Baja California, donde se pueden ver más de 200 figuras humanas y animales, con una antigüedad de entre 3 mil y 7 mil años. Estas pinturas fueron realizadas por los kumiai, un pueblo indígena que aún habita la región.

 

El municipio de Burgos, en Tamaulipas, donde se localizan más de 200 sitios con pinturas rupestres, distribuidos en la Sierra de San Carlos y la Sierra de Tamaulipas. Fueron descubiertas en 2011 por un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes encontraron más de 4 mil 900 pinturas en 11 cuevas y refugios rocosos.

 

Estas pinturas tienen una antigüedad de entre 4 mil y 500 años y muestran figuras geométricas, zoomorfas, antropomorfas y fitomorfas, con predominio del color rojo. Estas pinturas fueron realizadas por los huastecos, un pueblo indígena que aún subsiste, y se cree que tenían fines simbólicos y comunicativos. El municipio de Burgos fue nombrado Pueblo Mágico en 2018 por su riqueza cultural y natural.

 

La Cueva de la Candelaria, en Coahuila, donde se halla una de las cuevas mortuorias más importantes de México. Fueron descubiertas en 1953 por un grupo de mineros que buscaban guano de murciélago. En la cueva se hallaron también restos humanos y objetos rituales, además de las pinturas.

 

En esta cueva se encontraron los restos de más de 70 individuos, acompañados de ofrendas y objetos rituales, así como pinturas rupestres en las paredes. Estas pinturas tienen una antigüedad de entre mil y 500 años y muestran figuras humanas, animales y signos abstractos, con colores rojo, negro y blanco. Estas pinturas fueron realizadas por los conchos, un pueblo indígena extinto, y se cree que tenían fines funerarios y sagrados.

 

El Cañón del Encanto, en Sonora, donde se encuentran más de 2 mil pinturas rupestres, distribuidas en 16 sitios. Estas pinturas datan de entre 5 mil y 500 años y muestran escenas de cacería, guerra, ritos y astronomía. Estas pinturas fueron realizadas por los trincheras, un pueblo indígena extinto.

 

La Cueva de la Boca, en Nuevo León, donde se hallan más de 300 pinturas rupestres, que representan figuras geométricas, zoomorfas, antropomorfas y astronómicas, con colores rojo, negro, blanco y amarillo. Estas pinturas tienen una antigüedad de entre 2 mil y 500 años y se atribuyen a los coahuiltecos, un pueblo indígena extinto.

 

La Cueva del Guitarrero, en Hidalgo, donde se localizan más de 100 pinturas rupestres, que muestran figuras humanas, animales y signos abstractos, con colores rojo, negro y blanco. Estas pinturas tienen una antigüedad de entre mil y 500 años y se relacionan con los otomíes, un pueblo indígena que aún vive en la zona.

 

La Cueva de la Pintada, en Guerrero, donde se ubican más de 50 pinturas rupestres, que ilustran figuras humanas, animales y símbolos, con colores rojo, negro y blanco. Estas pinturas tienen una antigüedad de entre mil y 500 años y se vinculan con los tlapanecos, un pueblo indígena que aún reside en el estado.

 

Las pinturas rupestres de las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla, en Oaxaca, fueron descubiertas en 1902 por el arqueólogo mexicano Leopoldo Batres, quien realizó excavaciones en el sitio y encontró evidencias de ocupación humana desde el Paleolítico hasta el Posclásico.

 

Estos son algunos ejemplos de los sitios con pinturas rupestres que hay en México, que son una muestra de la creatividad, la identidad y la memoria de los pueblos que las hicieron.


 

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