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  • Foto del escritorRedacción Relax

Temazcal. Buscando la renovación a través de esta interesante y ancestral práctica

Actualizado: 4 ene 2022




Hablar del temazcal es sumergirse en el mundo de la herbolaria y de la medicina de nuestros antepasados indígenas, quienes llevaban a cabo esta tradición para sanar el cuerpo y purificar el alma, ya que, en primer lugar, ésta tiene un efecto homeostático global que coadyuva generalmente a aliviar casi todas las enfermedades reconocidas por la medicina moderna; y por otra parte, porque, al buscar la compenetración de los cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua) con el hombre, éste puede elevar su nivel de conciencia a las cosas del universo, logrando con ello un equilibrio mental.


¿Dónde surgió?


La versión más difundida adjudica el temazcal a las culturas que habitaron Centroamérica y parte de México, como la mexica y la tolteca, porque existen diversos estudios sobre herbolaria y medicina tradicional que ilustran la cosmovisión que dichas civilizaciones tenían para efectuar una práctica de esta naturaleza. Consideraban que la entrada al temazcal era el regreso al vientre materno de Tonatzin, y que el padre Sol se dirige hacia ella, a través de la hornilla, fecundándola.


Otras investigaciones refieren que los antiguos habitantes de Finlandia pudieron haber comenzado esta costumbre y que la trajeron a América luego de cruzar Islandia, en el siglo X; y una opinión más deduce que pudo haberse desarrollado en ambos continentes, por separado, y en diferentes momentos históricos, sin embargo, como en diversos hechos, abundan las hipótesis.


Por lo anterior, y volviendo a la versión más conocida, sobre las culturas mesoamericanas, los antropólogos e historiadores han encontrado interesantes datos en torno a la motivación que tuvieron para realizar el temazcal. Explican que éste es una transportación del macrocosmos al microcosmos, donde se hayan presentes los elementos que correspondieron a las diferentes edades o soles: primero, la tierra; luego, el aire; seguido del fuego y del agua. Y en ese orden, se regían por la sacralización del espacio y del tiempo, teniendo como mito central el principio de que el mundo en que vivimos no ha sido el único ni el primero en existir. Por ello, la entrada al temazcal representa el regreso al vientre de la madre para alcanzar la purificación y volver a nacer.

¿En qué consiste?


En náhuatl, tema significa ‘baño’, y calli, ‘casa’, es decir ‘casa de vapor’. Se trata de un baño con vapor de agua de una infusión de hierbas como: eucalipto, romero, cedrón y pericón, básicamente, aunque la herbolaria reúne una gran variedad de plantas, semillas y otros materiales, que también puede ser de utilidad para el temazcal.


Otra parte de la infusión se ingiere al término de la sesión, ya que, después de la sudación, tendrá un efecto terapéutico. También, se puede contar con un té de manzanilla, sasafrás, marrubio, milenrama, palo de Brasil, toronjil o borraja, al que se le puede agregar sal y azúcar, a modo de hacer un suero para prevenir el desequilibrio hidro-electrolítico.


¿Cómo es?


En forma muy rudimentaria, el temazcal se lleva a cabo dentro de una construcción que tiene forma de cúpula, similar a un iglú, conocida como “torito”, hecha con mantas o pieles sobre una estructura de varas; de ello, dan cuenta varios sitios en la zona norte de Puebla. Empero, diversas experiencias apuntan a una formación más sofisticada, con tierra, cal, arena, adobe, teja, ladrillo cocido, piedra de cantera, madera, paja y hasta tabique; seguramente, para hacerla más resistente y por la demanda que suele tener.


En Mesoamérica, existen dos tipos de temazcal según la construcción y ubicación de la hornilla y la cantidad de agua utilizada. También, están los del sur y los del norte. A los primeros se les conoce por su nombre en náhuatl, mientras que, a los segundos, como inipi, término usado en la región chichimeca.


Cada una de estas opciones tiene sus variantes, aunque, en esencia, sus principios místicos y rituales sean similares. Por ejemplo, en el sur, su sistema es fijo, con la hornilla pegada a la instalación del temazcal; en tanto que, en el norte, es de ramas, cubierto con pieles o cobijas, y la fogata para calentar las piedras está separada.


Por su parte, para los indios sioux, creeks, seminales, miccosukke y navajos, que habitan el norte de la Unión Americana, esta tradición es sagrada, ya que respetan tanto los utensilios usados como el lugar donde se realiza la ceremonia. Sólo, de acuerdo a la etnia, llega a haber variaciones en algunos detalles, pero son mínimas.



¿Cómo se hace?


Generalmente, un baño de temazcal empieza con un rito de iniciación, para alcanzar un nivel de conciencia más alto, en el que se enciende el fuego y se toca música con instrumentos autóctonos y se entonan cantos. En algunos casos, durante la construcción de la casita, los participantes recogen ramas, con la guía de un temazcalero. Éste selecciona las piedras volcánicas del tamaño adecuado a las dimensiones del xitle o tlexitle (espacio externo) del temazcal y las calienta sobre la hornilla, que funciona a base de leña compuesta por troncos gruesos y ramas grandes. Las rocas están a punto para usarse cuando están al rojo vivo, de noche, y naranja cenizo, de día.


En el caso de someterse al baño con fines terapéuticos, el paciente es revisado antes de ingresar a éste. Por tanto, quienes padecen de algún problema cardíaco deben tener precaución con el calentamiento originado en las sesiones.


Las personas ingresan, inclinando un poco la cabeza debido a la baja altura de la entrada, y se colocan en un banco, en posición fetal. Enseguida, el guía trae las piedras calientes y las sitúa, con ayuda de una pala, en el centro de la sala, mientras aleja el humo generado y arroja copal.


A través de la ceremonia, en la que se invoca a los cuatro elementos, a las cuatro direcciones con sus animales, a los cuatro colores sagrados de la medicina, a las cuatro etapas de la vida y a los cuatro estadios de sudación, en el sentido práctico, y en la que interiormente se piden bendiciones y fuerza a la madre Tierra, los asistentes buscarán su cura física, espiritual y mental.


Al término, los participantes deberán abandonar la sala, asomando, primero, la cabeza, como si se tratara de un parto normal, evitando erguirse rápidamente para no sufrir algún desmayo; luego serán cubiertos con mantas gruesas de algodón, de pies a cabeza, para evitar el efecto del aire, ya que la sudación continúa después de haber salido.


Se recomienda a los asistentes, que descansen un tiempo considerable después de esta práctica (algunos temazcales ofrecen servicio de hospedaje por ese día), a fin de que el cuerpo se restablezca, con la ayuda de infusiones medicinales y de un tranquilo reposo.


Ya en su hogar, pueden ingerir alimentos ligeros, como un caldo de pollo, levemente condimentado, y tomar bebidas naturales. Su cuerpo se irá rehidratando después de la desintoxicación.

Bondades

Hipócrates expresó: “Dame una fiebre y te puedo curar cualquier enfermedad”, lo cual explica lo que la ciencia médica reconoce hoy día, que el calor acelera las funciones de cada órgano y, en específico, del sistema inmunológico. Así, por ejemplo, nuestro cuerpo incrementa su temperatura ante la presencia de enfermedades o infecciones.


Por lo anterior, el temazcal actúa como coadyuvante general de múltiples padecimientos y es de gran apoyo en las afecciones del aparato circulatorio y el digestivo, además de ser útil en enfermedades de la piel, oftalmológicas y ginecológicas, entre otras.


El temazcal suele ser un punto de reunión para personas que desean vivir experiencias espirituales, al punto que se ha sofisticado su aplicación e, incluso, se ha complementado con otras prácticas, como los masajes terapéuticos; sin embargo, siempre, será esencial volver a las raíces de esta tradición, la cual, fundamentalmente, convoca a un encuentro con uno mismo y pone de relieve los ejercicios curativos de nuestros antepasados y sus valiosos beneficios.


Si desea vivir la experiencia de sumergirse en un temazcal y renovar su energía para iniciar este año, nada como visitar algunos establecimientos en el Estado de México, Morelos, Puebla, Veracruz y hasta Xcaret, en Quintana Roo, además de la Ciudad de México, que cuenta con varias opciones.



La herbolaria ha sido una pieza fundamental en la medicina tradicional de diversos pueblos e incluye numerosas experiencias con plantas, flores, semillas, frutos y otros elementos, como cortezas, raíces, que han resultado benéficas.

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