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  • Hedy Hernández

Puente de Carlos, majestuoso ícono de Praga




Los puentes son obras de la ingeniería que se pueden convertir en piezas maestras de la arquitectura y del arte, tornándose en verdaderos emblemas de ciudades o países. Es el caso del Puente de Carlos, el más viejo de Praga, que atraviesa el río Moldava, de la Ciudad Vieja (Staré Město) a la Ciudad Pequeña (Malá Strana). Es el segundo más antiguo de la República Checa y, desde 1992, forma parte del conjunto histórico de Praga, declarado Patrimonio de la Humanidad.


Los orígenes

En el siglo X, un puente de madera servía para unir las dos orillas del río Moldava, hasta que, en el siglo XII, se sustituyó por el primer ejemplar de piedra, conocido como Puente de Judith.


En 1342, las inundaciones lo destruyeron parcialmente, dejando incomunicadas las dos partes de Praga, por lo que, en 1357, el rey Carlos IV ordenó levantar otra estructura de piedra, más robusta, para unir de nuevo a las dos ciudades. Así que encargó a astrólogos y numerólogos que buscaran la fecha ideal para empezar la construcción del viaducto. De esta manera, determinaron el número capicúa 1 3 5 7 9 7 5 3 1 (de izquierda a derecha, expresa: año, día, mes y hora) como el momento que, según ellos, favorecería la resistencia del puente, y que corresponde al año 1357, día 9, del séptimo mes, julio, a las 05:31 horas. Por ello, fue en dicho instante, en que el emperador colocó la primera piedra.


El arquitecto fue Peter Parler, quien diseñó la Torre de la Pólvora y participó en la construcción de la Catedral de San Vito y el Castillo de Praga. Para este proyecto, Parler planteó un puente de piedra arenisca de Bohemia, de casi 520 metros de largo y sostenido sobre 16 arcos. La obra se completó en 1402 y se llamó inicialmente Puente de Piedra (Karluv Most, en su idioma original). Fue hasta 1870 cuando fue bautizado con el nombre del monarca.En 1723, se le instalaron linternas de aceite, las cuales, aún hoy, representan su principal medio de iluminación.



Carlos I de Bohemia y IV de Alemania fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, del que formaba parte la actual República Checa, entre los años 1355 y 1378.


Desde su edificación hasta nuestros días, el puente ha sufrido muchos daños: cinco grandes inundaciones, que obligaron a reconstruir siete de sus pilares y tres arcos; el final de la Guerra de los Treinta Años, en el que se destruyó parte de la torre ubicada en Ciudad Vieja; y el paso de un tranvía tirado por caballos y de otros vehículos; sin embargo, mantiene intacta gran parte de su estructura original. Tiene 515.76 metros de largo, 9.5 metros de ancho y se apoya sobre 16 arcos que miden entre 16.62 y 23.38 metros. Asimismo, lo flanquean tres torres góticas y 30 esculturas.


Las torres


Servían de puertas en ambas orillas del río Moldava. Sobre la entrada de la Torre de la Ciudad Vieja, construida en el siglo XIV, destacan las estatuas de los vigilantes de la edificación: a la izquierda, la del rey Carlos; al centro, la de San Vito, considerado protector del puente; y a la derecha, la del rey Wenceslao, miembro de la dinastía fundadora de Praga. En la parte superior, que equivale a la esfera celestial, hay dos figuras más, que representan a los patrones de la República Checa: los santos Procopio y Segismundo.


En el lado de la Ciudad Pequeña, se encuentran dos torres enlazadas a través de un arco: la de Malá Strana, levantada en 1464, de estilo gótico tardío y de casi 50 metros; y la de Judith, que data de 1591, tiene tres plantas, una altura de 29 metros y que combina los estilos románico y renacentista de su última remodelación.


Las estatuas

Son otra gran característica del Puente de Carlos. A lo largo del camino, decorando las barandillas por ambos lados, se encuentra una treintena de esculturas barrocas, construidas entre los años 1683 y 1714, por grandes artistas de Bohemia, como Matthias Braun y Jan Brokoff, y por los dos hijos de éste, Michael y Ferdinand Brokoff.


Hoy, la mayoría de las estatuas son réplicas; las originales se ubican en el lapidarium del Museo Nacional de Praga y en las casamatas del Castillo de Vyšehrad.


La más famosa y la más antigua del puente es la de San Juan Nepomuceno, santo checo, protector contra calumnias e inundaciones y patrón de Infantería de la Marina española, que fue tirado al río por orden de Wenceslao IV, en 1393. Una cruz de latón, sobre la barandilla, marca el lugar por el que el santo fue arrojado. Mucha gente suele pedir un deseo, posando su mano izquierda ya sea sobre la cruz, el atril con cinco estrellas (de manera que cada dedo toque cada una de ellas), o bien, el perro de la base, símbolo de la fidelidad.


Otras esculturas espectaculares son la de la Crucifixión, del siglo XVII, y las de San Juan de Mata, Félix de Valois y el beato Iván, la más grande del puente, en cuya base hay una pequeña cavidad, donde se esconden tres cristianos encadenados.


Una que no puede faltar, famosa e importante, desde el punto de vista artístico, es la de Santa Lutgarda, la monja ciega que tuvo un sueño en el que el Cristo crucificado se inclinaba ante ella para que le besara la herida en su costado.


Algunas más son la de San José con Jesús, la de San Cristóbal, San Juan Bautista, Santa Ana, la Piedad, que fue dañada por disparos, en 1848; la de San Francisco Javier, una de las obras más apreciadas; la de San Vito, santo patrono de Bohemia y, también, protector de los epilépticos, bailarines, actores y cómicos; la de San Cristóbal, patrón de los viajeros, marineros, navegantes, y ante tormentas y agua; y la de El Barbudo, cuya cara se utilizaba como fluviómetro, para saber hasta dónde llegaría el agua en la ciudad, tomando como referencia la altura de su barba, su nariz o sus orejas.


Las leyendas

Los mitos de la región están vinculados al Puente de Carlos, y uno de los más interesantes y populares gira en torno a San Juan Nepomuceno, quien fue vicario de la Arquidiócesis de Praga durante el reinado de Wenceslao IV, quien era conocido por su ira hacia sus súbditos. San Juan Nepomuceno se oponía al poder opresivo del monarca, por lo que decidió tomar partido contra éste. Wenceslao IV lo hizo encarcelar, donde fue humillado, torturado y marcado. Como eso no surtió efecto, fue conducido al Puente de Carlos, donde lo arrojaron al río, con una piedra atada a sus pies.


Otra versión de la historia dice que San Juan Nepomuceno nunca quiso revelar a Wenceslao IV los detalles de una conversación entre él y la reina, manteniendo el secreto confesional, por lo que el rey, enfurecido, hizo que le cortaran la lengua y lo asesinaran por mutilación. Cuando lo arrojaron al río y su cuerpo tocó las aguas del Moldava, brillaron cinco estrellas en el cielo, con una luz fuerte. Es por ello que los cinco astros son un símbolo del santo y lo acompañan en todas sus representaciones.




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