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  • Foto del escritorRedacción Relax

Egipto traslada a sus faraones en un magnífico recorrido de luz y color




Con un fastuoso y solemne protocolo, el pasado 3 de abril, este país compartió al mundo el traslado de 22 de sus momias, 18 faraones y cuatro reinas, pertenecientes al periodo del Imperio Nuevo, del Museo Egipcio de El Cairo al Museo Nacional de la Civilización Egipcia; en un magnífico recorrido, al que nombró Desfile Dorado de los Faraones, el cual marca su reapertura al turismo internacional con lo mejor que tiene: su historia.


Y es que, no obstante, las condiciones de la pandemia por coronavirus, que llevaron al cierre de casi todos los lugares de asistencia masiva en el mundo -lo cual sirvió de paréntesis a las autoridades culturales de esta nación, para dar empuje a dicho proyecto-, es importante apuntalar que, desde hace varios años, se consideraba fundamental un sitio de mayor extensión para reubicar los restos de los legendarios soberanos.



Fortaleza para la eternidad



El evento inició con la llegada del presidente Abdelfatah El-Sisi y de autoridades del sector político, turístico y cultural de Egipto al Museo Nacional de la Civilización Egipcia (NMEC, por sus siglas en inglés), quienes recibirían a los distinguidos huéspedes.


Mientras tanto, de forma simultánea, afuera del Museo Egipcio, en la Plaza Tahrir, mediante una transmisión global, que contó con una sorprendente y avanzada tecnología, y enormes medidas de seguridad, se desplegaba una ordenada multitud de participantes, dispuestos para el acompañamiento de los faraones, desde motociclistas hasta antiguos carruajes de combate, jalados por caballos.


Por su parte, al interior del nuevo museo, en Fustat, se contaba con una devota introducción de las raíces históricas del pueblo egipcio, sobre la trascendencia de sus soberanos, de los hallazgos de sus restos, y su importancia para la cultura actual, un repaso que enaltecía y justificaba ante el mundo semejante demostración de respeto hacia los antepasados.


En el amplio salón, donde se ubicaba el mandatario El-Sisi, el programa marcaba una magistral ambientación, con la ejecución de la Orquesta Unida de Egipto, conducida por el maestro Hesham Nazih, que entre piezas tradicionales, reunió la participación de la soprano Amira Selim, quien entonó A reverence for Isis, un tema en idioma egipcio antiguo que fue tomado de las inscripciones de las paredes del templo de Deir el-Shelwit, en Luxor; y de las renombradas intérpretes Riham Abdel Hakim y Nesma Mahgoub, además de algunos solistas que tocaron el violín, el rebab y el ney, estos dos últimos, instrumentos antiguos del Medio Oriente.


En algún momento, sorpresivamente, el sonido de los tambores pareció traspasar las paredes de dicho auditorio, para sincronizarse con los tocados por la ordenada procesión de percusionistas que marchaban tras la enorme comitiva de mujeres ataviadas como Cleopatra, quienes salieron del Museo Egipcio, anunciando al mundo la partida de los carruajes funerarios, cuyo dorado diseño evocaba las alas de Isis y las líneas de los nemes de los soberanos ya difuntos.


El recorrido de los vehículos se presentó de manera cronológica, siendo encabezados por el faraón Seqenenre Taa (siglo XVI a.C.), seguido de la reina Ahmose-Nefertari, del faraón Amenofis I, de la reina Ahmose-Meritamón, el faraón Tutmosis I, el faraón Tutmosis II, la reina Hatshepsut, el faraón Tutmosis III, el faraón Amenofis II, el faraón Tutmosis IV y Amenofis III, la reina Tiy, y en el siguiente orden: los faraones Seti I, Ramsés II, Merenptah, Seti II, Siptah, Ramsés III, Ramsés IV, Ramsés V, Ramsés VI y Ramsés IX, que gobernó en el siglo XII antes de Cristo.


Las momias han sido resguardadas desde su descubrimiento, en 1881, cerca de Luxor. La mayoría de ellas no había salido del Museo Egipcio desde principios del siglo XX; sin embargo, desde la década de los 50, permanecían expuestas en una sala, sin alguna explicación museográfica, por lo cual, se espera que esta mudanza beneficie su exposición, al darles un mayor lugar y una mejor ubicación.


El transporte de las momias se hizo con el cuidado más extremo, usando un envoltorio con nitrógeno, y en condiciones muy semejantes a las que mantenían dentro del museo, con el fin de evitar cualquier daño y, además, los carros fúnebres poseían un mecanismo para evitar impactos. Ya en su nueva morada, éstas serían expuestas al público a partir del 18 de abril, en un sitio acondicionado con un control de temperatura y humedad, más sofisticado que el del lugar que ocupaban, de acuerdo a los expertos en momificación.


Los faraones serán presentados de forma individual, al lado de sus sarcófagos, decorados como las tumbas subterráneas, y con su biografía, y se mostrarán los escáneres que se les han hecho, los cuales permitirán saber aún más las condiciones de su muerte, edad y otros detalles, un trabajo que ha sido posible a partir de esta última década.


Para los expertos, el desfile ha resultado un regalo visual, bajo una atmósfera totalmente mística, que permite recordar al mundo el significado de Egipto.

Es la devota y mística tierra de faraones. Con la actual pandemia por COVID-19, el turismo se desplomó en la tierra del Nilo como en otras latitudes; sin embargo, se espera que, un acontecimiento como el Desfile Dorado, haya reconquistado a los amantes de su historia para atraerlos nuevamente, y lo mejor, a un sitio equivalente a la grandeza de sus protagonistas.


La apertura del Museo Nacional de la Civilización Egipcia significa uno de los hitos más importantes del país mediterráneo, y se llevó a cabo el día 4 de abril.

Trascender al más allá



Desde sus raíces, esta tierra creyó en una existencia perpetua en el más allá; construyó sus tumbas o casas de la eternidad tan resistentes al tiempo, ya que entendía que la vida terrenal era algo temporal frente a una vida eterna después de la muerte1.


De lo anterior da cuenta Isis, una de las principales deidades de la religión, que fue reconocida en todo el mundo grecorromano, y que surge por primera vez durante el Imperio Antiguo (c. 2686-2181 a. C.), como uno de los personajes del mito de Osiris. Se creía que Isis ayudaba a los muertos a entrar en la otra vida como lo hizo con Osiris, y se le consideraba la madre del faraón, a quien se identificaba con el dios Horus. Aunque fue invocada para ayudar en la sanación de la gente, Isis desempeñó un papel limitado en los rituales reales y en los de los templos egipcios, siendo más prominente en los funerarios. En el primer milenio antes de Cristo, Isis y Osiris se convirtieron en las deidades más veneradas de Egipto.


Momificación para unir cuerpo y alma


En Egipto, la momificación evitaba que el cuerpo llegara a su putrefacción natural, y para llevarla a cabo, se ejercía un sublime ritual funerario, en el cual, el cuerpo era sometido a ritos de Osiris para procurar su mortalidad, pues el dios lo protegía de los espíritus malignos. Con ello, conservar el cuerpo, permitía al ser unirse con su alma en el más allá, en la tierra de los muertos, para seguir allí eternamente. La momificación purificaba el cuerpo y le proveía de divinidad, que entonces se convertiría en Osiris o en una imitación de él.

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