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La cueva de Waitomo, cómo la naturaleza creó un cielo estrellado bajo tierra

  • Foto del escritor: Redacción Relax
    Redacción Relax
  • hace 4 días
  • 5 Min. de lectura


En el corazón de la isla norte de Nueva Zelanda, en el sudeste de la región de Waikato, oculta bajo colinas verdes y silenciosas, se encuentra una de las maravillas naturales más sorprendentes del planeta: la cueva de Waitomo. Es un sistema subterráneo, famoso por sus millones de pequeñas criaturas bioluminiscentes, conocidas como glowworms (gusanos brillantes” o “larvas bioluminiscentes”), que suelen ofrecer una atmósfera que parece sacada de un mundo fantástico.


Para quienes las visitan, entrar en la cueva Glowworm, que está hecha de piedra caliza, es como atravesar un umbral hacia un paisaje ancestral que transforma la oscuridad en un cielo iluminado por miles de diminutas luces azules suspendidas sobre un río subterráneo.    

 

La historia de esta cueva está profundamente vinculada al pueblo māori, los habitantes originarios de Nueva Zelanda, también llamada Aotearoa. El nombre “Waitomo” proviene de dos palabras en idioma te reo māori: wai (agua) y tomo (agujero o sumidero). Juntas, describen exactamente lo que se encuentra en el lugar, una "corriente que fluye hacia el agujero en el suelo", ya que es un sistema de túneles y galerías, moldeado por corrientes de agua que, durante millones de años, han erosionado la roca caliza hasta crear un intrincado laberinto para las comunidades locales.


Waitomo es una maravilla geológica y está conformado por un sistema de cuevas, que incluye la cueva Ruakuri y la cueva Aranui, espacios considerados con significado cultural y espiritual, que forman parte de las historias y tradiciones transmitidas de generación en generación por los nativos.  


Geológicamente, la región de Waitomo es un ejemplo excepcional de paisaje kárstico, por su roca caliza, que, por aproximadamente 30 millones de años, permitió la formación de la cueva, experimentando cambios en sus compuestos químicos debido a la acción del agua, cuando la zona aún estaba cubierta por el mar. Se menciona que los posibles restos fósiles de las conchas, los corales y los sedimentos marinos se compactaron hasta originar una formación calcárea, un tipo de roca compuesta principalmente de carbonato de calcio (CaCO₃), relativamente frágil y muy susceptible a la erosión,  y, con el paso del tiempo, el agua se filtró a través del suelo y talló túneles, pasadizos, amplias cavernas y un río subterráneo, que, aún en nuestros días, fluye. Este río es uno de los protagonistas de la experiencia turística en la actualidad, pues permite observar las estalactitas y estalagmitas que iluminan las paredes y techos de la cueva.



Pero lo que verdaderamente hace famosa a la cueva de Waitomo son los glowworms, científicamente conocidos como Arachnocampa luminosa, gusano de luz, que son unos diminutos seres, larvas de un tipo de insecto endémico de Nueva Zelanda, que poseen la sorprendente capacidad de emitir luz. Su tiempo de vida es de varios meses y su bioluminiscencia se debe a un proceso químico natural, en el que la larva genera luz para atraer pequeños insectos, que quedan atrapados en los hilos pegajosos que construyen, como una especie de telaraña, que cuelgan a su alrededor. Miles de estos gusanos juntos crean una experiencia considerada por muchos viajeros como una de las mas sobrecogedoras del mundo natural; y que contemplar estas luces es como observar una constelación atrapada bajo tierra.


La forma en la que se visita la cueva también contribuye al carácter mágico del lugar. Los recorridos se hacen principalmente en pequeñas embarcaciones que se deslizan por el río subterráneo, en silencio absoluto, donde los guías –descendientes, en su mayoría, de la cultura māori, que resguardan el sitio desde su apertura al turismo, a finales del siglo XIX– explican la historia geológica y cultural de Waitomo, mientras dirigen la barca, permitiendo que los visitantes se sumerjan en la atmósfera –donde lo único que se escucha es el suave eco del agua y, en ocasiones, el leve movimiento de la corriente–, para poder observar las luces azuladas, que convierten la cueva en una especie de galaxia subterránea.


Uno de los aspectos más fascinantes de Waitomo es que su descubrimiento para el mundo occidental se produjo hace relativamente poco tiempo. Fue a finales del siglo XIX, cuando el jefe māori Tane Tinorau y el topógrafo inglés Fred Mace exploraron la cueva, en una balsa improvisada. Se menciona que ambos quedaron asombrados por el espectáculo natural que encontraron, en especial, por la luminosidad azulada que iluminaba la caverna principal. Años después, Tane Tinorau y su esposa comenzaron a guiar a visitantes, sentando las bases del ecoturismo en la región, por parte de la administración de las cuevas, que continúa en manos de descendientes directos, lo que ha permitido mantener un equilibrio entre la protección del patrimonio natural y la actividad turística.


Ese equilibrio, sin embargo, es delicado para el ecosistema de los glowworms, que es extremadamente sensible a los cambios en la temperatura, a la humedad y a la circulación del aire, lo que puede alterar su supervivencia. Por ello, la gestión de la cueva se ha convertido en un ejemplo de conservación, regulando las visitas, los horarios y supervisando constantemente el impacto ambiental. Gracias a estas medidas, Waitomo ha logrado conservar su belleza al mismo tiempo en el que continúa siendo accesible para quienes desean conocerla.


La región que rodea a Waitomo también ha impulsado el desarrollo de actividades complementarias, como el black water rafting, que consiste en recorrer otras cuevas cercanas, utilizando cámaras inflables y equipamiento especializado. Aunque esta modalidad está pensada para aventureros, contrasta con la quietud de la cueva principal y revela otro aspecto del sistema subterráneo, como su diversidad y su extensión por sus decenas de cuevas interconectadas que se distribuyen bajo el terreno; cada una, con formaciones únicas, ríos escondidos y ecosistemas frágiles.


A continuación, un resumen de las opciones de lugares que se pueden recorrer y explorar dentro de Waitomo:


·       Cueva de las Luciérnagas (Glowworm Cave): El recorrido en barco dura unos 45 minutos, a través del río subterráneo. Es la experiencia clásica al visitar Waitomo.


·       Cueva RuakuriEs un tour guiado a pie, de alrededor de una hora y 15 minutos de duración, donde se puede caminar entre estalactitas, estalagmitas y formaciones rocosas que parecen sacadas de otro mundo.


·       Laberinto Negro (Black Water Rafting): Es una aventura más intensa, que combina caminatas, saltos por pequeñas cascadas y flotación en neumáticos por ríos subterráneos. Todo esto, mientras se observa a las criaturas luminosas desde el agua.


·       Aventura en el Abismo Negro (The Black Abyss): Ideal para los amantes de la adrenalina. Incluye rafting, descensos en rappel y tramos en barco. Una experiencia completa, que lo lleva a explorar las profundidades de una forma totalmente distinta.


La cueva de Waitomo es un destino turístico que representa millones de años de historia geológica, la sabiduría ancestral del pueblo māori y la sorprendente bioluminiscencia de una especie diminuta pero fascinante; un encuentro íntimo con un mundo donde la luz nace en la oscuridad.

 

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