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  • Hedy Hernández

Las cantinas más antiguas. (Segunda parte)

Actualizado: 4 oct 2023



En la Ciudad de México, hay cantinas clásicas y tradicionales, ubicadas en edificios históricos, con cuadros de la gente importante que las concurrió, así como relatos hechos leyenda. Cantantes, escritores, músicos y pintores han encontrado en estos lugares la fuente de inspiración que los ha llevado al éxito. De ello, José Alfredo Jiménez y Chavela Vargas son dignos representantes.


El Gallo de Oro

Desde 1874, este sitio ha atraído a escritores y periodistas; por aquí, pasaron Juan de Dios Peza, Manuel M. Flores, Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez. Existe una leyenda que cuenta que Goyo Cárdenas, el estrangulador de Tacuba, iba con frecuencia, para recordar sus días en Lecumberri, al tiempo que se tomaba unos vodkas.


La Jalisciense

Data de 1875 y se ubica en el centro de Tlalpan, en un edificio que fue la primera construcción de dos pisos en esa alcaldía. Tiene un diseño colonial y está decorada con fotografías de personalidades que han pasado por sus puertas, incluyendo a Carlos Monsiváis y a la ex primera dama de México, Angélica Rivera. Vale la pena probar la carne tártara y darles una oportunidad a las tortas.


La Potosina

Abrió sus puertas en 1890, en el cruce de las calles Jesús María y Emiliano Zapata. Es una cantina añeja y luce un poco descuidada, pero eso no quita que tenga historias que contar. Por aquí, estuvieron Pancho Villa y Emiliano Zapata, y tanto sus nietos como sus bisnietos siguen siendo clientes asiduos del lugar. Si le gusta el futbol, debe saber que lleva por sobrenombre La Cueva del Potro, en honor al Atlante.


Salón Bach

El sótano del edificio Bach, construido a finales del siglo XIX, abrió sus puertas por primera vez en 1901, como una cantina. La popularidad del sitio aumentó al encontrarse en un discreto espacio, con motivos eclécticos, donde el art decó predominaba en la decoración. Fue escenario del asesinato del compositor Guty Cárdenas, por un problema de faldas, en 1932; asimismo, era frecuentado por Agustín Lara y José Alfredo Jiménez. Estuvo cerrado por casi 70 años y, en 2012, se remodeló, lo que atrajo a nuevos consumidores jóvenes.



Bar Mancera

Un imponente edificio de 1865, con muros de tezontle y cantera labrada, alberga una de las cantinas más famosas del Centro Histórico. Abrió sus puertas, en 1910, como una cantina de élite, que recibía a empresarios, intelectuales y políticos porfiristas. Conserva el espíritu de hombre elegante de los años 20, con monóculo y un vaso de whisky en mano; de su decoración, resalta el enorme vitral de Hennessy, de principios de siglo, encargado por Porfirio Díaz, quien amaba el coñac.


La Vaquita

Su historia comenzó en septiembre de 1920, estuvo inactiva por seis años y, en septiembre pasado, cumplió su aniversario 102 de existencia. Infortunadamente, por la pandemia, cerró sus puertas permanentemente. Este lugar vio a personajes como Mario Moreno ‘Cantinflas’, que trabajó como mesero, lavaplatos e, incluso, como velador; Frida Kahlo y Diego Rivera, que eran clientes frecuentes, y se dice que fueron quienes le pusieron ese nombre; y el escritor y periodista Carlos Monsiváis, que hizo de esta cantina un recinto popular, por incluirla en su ruta de paradas imperdibles del Centro Histórico. Su nombre tiene que ver con la forma en la que nos referimos a la cooperación para pagar la cuenta: hacer la vaca. Era famosa por sus tortas de pollo deshebrado, milanesa o las especiales, de pierna horneada y chile relleno.


Salón Tenampa

A pocos años de cumplir su primer centenario, esta cantina tiene todo el espíritu de fiesta mexicana: mariachi, tríos, tragos y botanas al por mayor. En 1925, uno de los lugares icónicos de la Plaza Garibaldi abrió sus puertas y, desde entonces, se mantiene activo y con gran ambiente.


La India

Se fundó en 1935, y sus muebles, aspecto y clientela parecen ser los mismos que en sus inicios. La decoración, la barra, los gabinetes e, incluso, las mesas y las sillas provienen de una época pasada e irrepetible. De lo más recomendable es el caldo de jaiba.


La Faena

Es la cantina más grande de la Ciudad de México y un museo taurino. Esta y el Bar Mancera –a sólo una puerta de distancia– son consideradas dos de las cantinas más antiguas y tradicionales del Centro Histórico. Se fundó en 1954 y fue el lugar de reunión de los integrantes de la asociación mexicana de novilleros, razón por la que ostenta el título de cantina-museo taurino. Este sitio da paso a los pósters y óleos con escenas de la tauromaquia, las vitrinas con trajes de luces del maestro Belmonte y los teléfonos de madera de inicios del siglo XX, que decoran el espacio. Tiene sillas y mesas de plástico, la caja registradora, que aún es el método de cobranza, y un altar a la Virgen de Guadalupe, que está enmarcada por una serie de foquitos, para alumbrar la vitrina donde se encuentra. La sopa azteca y el molcajete de carnes son clásicos.

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