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  • Foto del escritorRedacción Relax

Antiguamente, el estornudo era un augurio?




Existen cientos, quizá, miles de expresiones que, a veces, repetimos de forma automática, sin detenernos a pensar en el origen o el significado de las mismas; pero si hurgamos un poco, podemos hallar detrás de cada expresión, o en este caso, detrás de cada estornudo, una historia fascinante.


Alejandro Jodorowsky, en su faceta de escritor, en su obra Fábulas pánicas, señala que, cuando un hombre estornuda, su vida mental se interrumpe durante unos segundos... deja de estar en el futuro (haciendo planes) o en el pasado (funcionando por reflejos automáticos aprendidos en la infancia) y alcanza el presente. El estornudo, dice, es un corto momento de iluminación y, por ello, se felicita a quien lo tiene.


Los egipcios y griegos veían en el estornudo un augurio. Estornudar por la tarde se consideraba algo muy bueno, mientras que hacerlo al levantarse de la cama o de la mesa podía ser una mala señal. Si alguien estornudaba al nacer, se creía que tendría una vida dichosa. Estas mismas culturas creían que si, al estornudar, la persona lo hacía con una leve inclinación de la cabeza hacia la izquierda, era un mal signo; por el contrario, se trataba de algo bueno cuando la cabeza se inclinaba hacia la derecha.


En todos los casos, los griegos exclamaban “¡Vivid!” y “¡Que Zeus te conserve!”, mientras que los romanos empleaban la expresión “¡Salve!” ante tal circunstancia.


Los primeros cristianos fueron quienes sustituyeron la invocación de dioses paganos por el suyo. Se dice que, durante la epidemia de peste que hubo en Roma en el año 591, bajo el pontificado de Gregorio I, los enfermos morían estornudando; por ello, de tal circunstancia proviene el decir “¡Dios te bendiga”, que, más tarde, se transformaría en “¡Salud!”, “¡Jesús!” o expresiones semejantes.


Es por este motivo que, cuando alguien estornuda, se pide a Dios que le aparte del peligro. Sin embargo, algunas teorías señalan que decir una expresión tras el estornudo comenzó a utilizarse en África, en el siglo VI, con motivo de la aparición de una epidemia. También, se cuenta que fueron los árabes los que propagaron por el mundo la costumbre de invocar la divinidad.



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