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BDNF: la proteína clave de la neurogénesis adulta

  • Hedy Hernández
  • 5 ago 2025
  • 5 Min. de lectura

 

Durante mucho tiempo se pensó que el cerebro adulto era una estructura fija, incapaz de producir nuevas neuronas. Sin embargo, investigaciones de las últimas décadas han demostrado lo contrario: existe un proceso llamado neurogénesis adulta, mediante el cual el cerebro genera nuevas neuronas y fortalece las conexiones ya existentes, especialmente en áreas vinculadas con la memoria y el aprendizaje, como el hipocampo.


Una molécula central en este fenómeno es el BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), o factor neurotrófico derivado del cerebro. Esta proteína actúa como fertilizante cerebral: promueve el crecimiento y la supervivencia neuronal, refuerza las conexiones sinápticas y mejora la plasticidad cerebral, que es la capacidad del cerebro para adaptarse y aprender cosas nuevas. Niveles altos de BDNF se asocian con mejor memoria, mayor resiliencia ante el envejecimiento y menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas, mientras que niveles bajos están ligados a depresión, deterioro cognitivo y dificultades de aprendizaje.


Aunque la genética y la actividad física son factores determinantes, la alimentación desempeña un papel clave en la regulación del BDNF. Ciertos nutrientes estimulan directamente su producción o crean un ambiente cerebral favorable para su síntesis.


A continuación, mencionamos siete alimentos con respaldo científico que pueden ayudar a elevar los niveles de BDNF y favorecer la neurogénesis. 


1. Arándanos: antioxidantes que impulsan la plasticidad cerebral


Los arándanos son pequeños frutos cargados de antocianinas, pigmentos con potentes efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Estas moléculas neutralizan los radicales libres, reduciendo el estrés oxidativo que daña a las neuronas. Un estudio publicado en Nutritional Neuroscience demostró que la suplementación con arándanos en adultos mayores mejoró la memoria y elevó los niveles séricos de BDNF.


Además, se ha observado que las antocianinas activan vías de señalización relacionadas con la neurogénesis y la plasticidad sináptica. Consumir una ración diaria de arándanos, ya sean frescos, congelados o liofilizados, puede contribuir a mejorar la flexibilidad neuronal y retrasar el deterioro cognitivo.

 

2. Pescados grasos: omega-3 que fortalecen las neuronas


El ácido docosahexaenoico (DHA), un tipo de omega-3 abundante en pescados grasos como salmón, caballa, sardina y arenque, es uno de los principales componentes estructurales del cerebro. El DHA no sólo construye las membranas neuronales, sino que también modula la expresión de BDNF y favorece la formación de nuevas sinapsis.


Investigaciones publicadas en Proceedings of the National Academy of Sciences mostraron que dietas ricas en omega-3 aumentan la densidad sináptica y la liberación de BDNF en el hipocampo, mejorando la memoria espacial. Incorporar dos porciones de pescado graso a la semana —horneado, a la plancha o al vapor— es una estrategia eficaz para reforzar la plasticidad cerebral.


3. Cúrcuma: la especia que activa la neurogénesis


La cúrcuma contiene curcumina, un polifenol con potentes propiedades antiinflamatorias. Numerosos estudios han demostrado que la curcumina eleva significativamente los niveles de BDNF y favorece la regeneración neuronal. En modelos animales, la curcumina ha mostrado revertir déficits cognitivos asociados con el envejecimiento y la depresión.


El desafío con la curcumina es su baja biodisponibilidad; sin embargo, su absorción mejora si se combina con pimienta negra (que contiene piperina) o grasas saludables. Añadir cúrcuma a sopas, guisos, arroces o batidos es una manera sencilla de potenciar la producción de BDNF de forma natural.


4. Chocolate negro: flavanoles que estimulan el cerebro


El chocolate negro, especialmente con un contenido de cacao superior al 70 %, es rico en flavanoles, compuestos que mejoran la función endotelial y aumentan el flujo sanguíneo cerebral. Un estudio en la American Journal of Clinical Nutrition demostró que la ingesta de flavanoles del cacao eleva los niveles de BDNF y mejora la memoria de trabajo.


Además, el cacao contiene teobromina y triptófano, que influyen positivamente en el estado de ánimo y la salud neuronal. Una o dos onzas diarias de chocolate amargo proporcionan beneficios cognitivos sin excederse en calorías ni azúcares añadidos.

 

5. Té verde: catequinas y L-teanina para la mente


El té verde se distingue por su alto contenido de epigalocatequina galato (EGCG), un polifenol antioxidante que estimula la producción de BDNF y protege las neuronas del daño oxidativo. Además, contiene L-teanina, un aminoácido que induce un estado de calma alerta, favoreciendo la concentración y el aprendizaje.


Estudios epidemiológicos han encontrado que el consumo habitual de té verde se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Dos o tres tazas al día son suficientes para obtener sus beneficios neuroprotectores.


6. Frutos secos: nutrientes esenciales para la neuroplasticidad


Nueces, almendras, avellanas y pistaches son fuentes de vitamina E, ácidos grasos monoinsaturados y polifenoles que favorecen la supervivencia y regeneración neuronal. Investigaciones del Journal of Nutrition, Health & Aging reportan que una dieta rica en frutos secos se correlaciona con mayores niveles de BDNF y un mejor rendimiento en pruebas cognitivas.


Un puñado diario (unos 30 gramos) aporta energía sostenida y protege contra el deterioro cognitivo asociado a la edad, especialmente cuando se sustituyen los snacks ultraprocesados por estos alimentos naturales.


7. Huevos: colina y vitaminas para construir nuevas neuronas


Los huevos, en especial la yema, son una fuente excepcional de colina, nutriente precursor de la acetilcolina, neurotransmisor crucial para la memoria y la comunicación neuronal. También aportan vitaminas B6, B12 y folato, esenciales para el metabolismo cerebral y la prevención de la atrofia neuronal.


La colina participa indirectamente en la síntesis de BDNF, fortaleciendo la plasticidad sináptica. Incluir huevos varias veces a la semana, preparados de manera saludable (hervidos, escalfados o revueltos), ayuda a mantener un cerebro activo y resiliente.


Cómo potenciar los efectos: estilo de vida y sinergias


Estos siete alimentos ofrecen nutrientes que estimulan la neurogénesis, pero su impacto se multiplica cuando forman parte de un patrón dietético integral y un estilo de vida saludable. La actividad física, especialmente el ejercicio aeróbico, es uno de los estímulos más potentes para la liberación de BDNF. Dormir lo suficiente, mantener relaciones sociales positivas y gestionar el estrés también son claves para optimizar la producción de esta proteína.


El BDNF no sólo participa en la neurogénesis, sino también en la plasticidad sináptica, la reparación neuronal y la resiliencia frente a lesiones cerebrales. Su función es tan relevante que bajos niveles de esta proteína se han asociado con trastornos depresivos, Alzheimer y Parkinson. Mantener un BDNF óptimo a través de la dieta podría traducirse en un cerebro más joven, flexible y capaz de enfrentar los retos del envejecimiento.


La neurogénesis adulta es una realidad, y el BDNF es uno de sus principales impulsores. Incorporar arándanos, pescados grasos, cúrcuma, chocolate negro, té verde, frutos secos y huevos en la alimentación diaria contribuye a crear un ambiente ideal para la formación de nuevas neuronas y el fortalecimiento de las conexiones sinápticas.


Este enfoque no sólo beneficia la memoria y el aprendizaje, sino que también ofrece protección frente a la neurodegeneración y mejora la calidad de vida a largo plazo.

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