top of page

El síndrome de Stendhal

  • Foto del escritor: Redacción Relax
    Redacción Relax
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: hace 5 horas


ree


Desde los primeros filósofos, la belleza ha sido un enigma y un cuestionamiento que trasciende generaciones; y es que lo bello (según los ojos que miren y le otorguen tal estatus a cierto objeto), cuando toca el alma, puede transformar, conmover e, incluso, abrumar. Sabemos que la belleza está en todos lados; sin embargo, una de las cosas comúnmente asociadas a dicha cualidad es el arte.


De este modo, al estar ante una obra artística, podría presentarse una fuerza misteriosa, capaz de provocar lágrimas, vértigo o un latido descontrolado, que despierta esa sensibilidad humana que se enfrenta al poder desmedido de la belleza, y, por lo tanto, el cuerpo responde como si el arte fuera demasiado real para poder ser canalizado. Puede ser una experiencia tan intensa que el corazón late más rápido, la mente se nubla y el cuerpo se rinde ante algo que no se puede explicar.  


El primer caso


Algo similar a lo descrito anteriormente le ocurrió a Henri Beyle, escritor francés, mejor conocido por su seudónimo, Stendhal, quien, en 1817, relató que vivió una experiencia abrumadora cuando viajó y visitó la Basílica de la Santa Cruz, en Florencia, Italia. Allí, frente a los frescos de Giotto y las esculturas, que parecían respirar, sintió un torbellino interior. En su obra Roma, Nápoles y Florencia, Stendhal describió que, ante la majestuosidad de tales obras y de otros artistas renacentistas, su corazón latía con tanta fuerza que temió desmayarse; comenzó a sentir vértigo, ansiedad y una mezcla de éxtasis y confusión, y que apenas podía caminar.  


Aquel instante —tan humano, tan vulnerable, tan extraño— terminó siendo inmortal, pues siglos después, el fenómeno fue bautizado, precisamente, como el síndrome de Stendhal o síndrome de Florencia, que es una condición psicosomática que se manifiesta cuando una persona experimenta una fuerte reacción emocional, incluso, física, al enfrentarse a una obra de arte o a una experiencia estética de gran impacto para ella.


De acuerdo con la BBC, el síndrome fue descrito clínicamente como un trastorno psiquiátrico hasta 1989, por la italiana Graziella Magherini, jefa de psiquiatría del Hospital Santa Maria Nuova de Florencia, que estudió sistemáticamente el fenómeno y observó que, al exponerse a la belleza de la ciudad de Florencia y al contemplar obras de arte como las esculturas de Miguel Angel y las pinturas de Botticelli, 106 pacientes –todos, turistas– presentaron síntomas similares, como palpitaciones, mareos, llanto incontrolable, confusión y desorientación. De hecho, fue ella quien dio nombre formal al trastorno, como síndrome de Stendhal.



Según la BBC, cada año, se reportan entre 10 y 20 casos de síndrome de Stendhal en museos de Florencia, generalmente, en personas que son muy sensibles y que, tal vez, han estado esperando toda su vida para visitar Florencia.

¿Qué es lo que ocurre en el cuerpo y la mente?


Desde un punto de vista médico, el síndrome de Stendhal se clasifica como una reacción psicofisiológica aguda, que ocurre cuando la percepción estética desencadena una sobrecarga emocional que activa el sistema nervioso autónomo. En otras palabras, el cerebro interpreta la experiencia artística como algo tan intenso que provoca una liberación abrupta de adrenalina y dopamina. Los síntomas más comunes incluyen:


·       Taquicardia

·        Sudoración

·       Mareos

·       Sensación de irrealidad

·       Ansiedad

·       Euforia

·       Posible desvanecimiento


Se menciona que algunos pacientes reportan también alucinaciones breves o una sensación de trascendencia espiritual. Aunque estos episodios suelen ser temporales y no dejan secuelas, en personas con antecedentes de ansiedad o estrés, pueden derivar en crisis más fuertes.


No obstante, los psicólogos consideran que no se trata de una enfermedad mental en sí, sino de una respuesta emocional extrema ante un estímulo estético, similar al impacto que puede causar la música, la naturaleza o el arte sagrado. De este modo, una reacción emocional ante el arte no constituye un trastorno mental, incluso, si presenta síntomas angustiantes o peligrosos. Por lo tanto, no está validado por asociaciones psiquiátricas ni aparece mencionado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-5, por sus siglas en inglés), una guía de alta referencia actualizada de la Sociedad Americana de Psiquiatría.


Así el síndrome de Stendhal, también llamado el síndrome del viajero, se ha convertido en un símbolo de la relación profunda entre el arte y las emociones humanas. Florencia, con su concentración única de obras maestras del Renacimiento —desde El David, de Miguel Ángel, hasta los frescos de Botticelli y Giotto—, es el escenario donde más casos se han documentado.


Los médicos florentinos reportan que los turistas más afectados suelen ser personas altamente sensibles, cultos y apasionados por el arte, y/o aquellas capaces de conectar intensamente con la belleza. En algunos casos, el síndrome no se manifiesta como un malestar, sino como una experiencia de emoción desbordada, una especie de revelación estética comparable  a un “éxtasis espiritual”, como algunos la describen. Pese a que el término síndrome de Stendhal se asocia principalmente al arte visual, se han reportado reacciones similares frente a paisajes naturales, música o experiencias espirituales intensas

Este fenómeno –mucho más romantizado por los medios y la comunidad, que un trastorno en sí– ha inspirado, incluso, obras de cine y literatura. Un ejemplo es la película El síndrome de Stendhal (1996), del director italiano Dario Argento, que explora la experiencia desde una perspectiva psicológica y artística. Aunque el filme lleva el concepto a un extremo ficticio, refleja la fascinación popular por la idea de que la belleza puede ser tan poderosa como para alterar la mente.


Por su parte, existe un fenómeno similar, llamado síndrome de París, que afecta a algunos turistas cuando descubren que el lugar que visitan, al verlo en vivo y en primera persona, no coincide con sus expectativas idealizadas; el síndrome adquiere su nombre como referencia al impacto psicológico que han sufrido algunos viajeros al encontrarse con que, hoy en día, la capital francesa no es precisamente un sitio de ensueño. Ambos casos demuestran cómo las emociones pueden tener efectos físicos profundos cuando la mente se ve sobrepasada por la intensidad del entorno.


El síndrome de Stendhal es una manifestación de la vulnerabilidad humana ante la belleza, ya que el hecho de sentirse abrumado ante una obra de arte es una prueba de la profunda conexión entre la mente, el cuerpo y la estética. Quizá, Stendhal tenía razón al escribir que "la belleza es una promesa de felicidad”, pero también, como nos enseña su experiencia, esa promesa puede ser tan intensa que nos obligue a detenernos, a respirar y a reconocer el poder que el arte tiene sobre nuestra alma.   

 

Comentarios


bottom of page