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  • Foto del escritorRedacción Relax

Clint Eastwood. Algo del recuento de los años




Formar parte de una época, catapultarse como un grande, pero, sobre todo, seguir creando, buscando y transformando, han sido características de Clint Eastwood, uno de los cineastas más importantes de las últimas décadas, quien, como todo un cowboy americano, que no suelta el ganado, se ha sujetado a un medio como éste para contar historias, ya sea desde afuera o desde dentro, siendo él mismo, sin importar el paso del tiempo, pues no se lo toma tan en serio.


Así es que, en medio de la pandemia, el californiano ha rodado su último filme, con el que busca concretar un proyecto de larga planeación. Ha llegado a sus 91 años de edad, y en octubre espera estrenar Cry Macho, una dramática historia en la que también actúa. Un loable trabajo que lo mantuvo ocupado a lo largo de 2020, y que, como ha expresado, le permite seguir contando historias, porque, mientras haya gente que quiera que se las cuente, él, dispuesto, lo seguirá haciendo.


Cry Macho ha sido trabajo de Malpaso Productions, propiedad del cineasta, y está basada en la novela homónima de N. Richard Nash y Nick Schenk, publicada en 1975. En ella, Eastwood encarna a un veterano criador de caballos, exestrella del rodeo, quien es contratado en nuestro país para devolver a un joven con su padre, quien vive en Estados Unidos, ya que su madre es alcohólica. Fue rodada en Nuevo México y cuenta en su reparto con el músico y actor Dwight Yoakam; con los actores mexicanos Eduardo Minett, Natalia Traven y Horacio García, y con la chilena Fernanda Urrejola.


Es un drama que se pretendía llevar al cine cuando la novela fue publicada e, incluso, se intentó adaptar a un guion, pero, aunque en ese entonces se barajeó el nombre de varios actores para el personaje principal, como Roy Scheider, Burt Lancaster o Pierce Brosnan, no fue posible; en 2003, se mencionó a Arnold Schwarzenegger, y tampoco. Finalmente, al iniciar 2020, se dio a conocer que sería Eastwood quien llevaría la historia a la pantalla grande, compartiendo producción con Albert S. Ruddy, Jessica Meier y Tim Moore.


Lo mejor de una prolífica actividad

A lo largo de más de 65 años de carrera, Eastwood cuenta cerca de 80 filmes, habiendo iniciado en 1955, con intervenciones cortas como actor, en las que a veces no aparecía acreditado, pero que le sirvieron para foguearse en dicha industria.


Paréntesis importante es hablar de la Trilogía del dólar, del spaghetti western, que rodó con Sergio Leone, el afamado guionista y director italiano, en la década de los 60, y que refiere a las cintas que tuvieron un inesperado éxito en la última exhibición de este género, y que reafirmaron a Eastwood como el hombre rudo, temerario, de pocas palabras y arrolladora y varonil personalidad. Éstas fueron Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el malo y el feo (1966).


En 1971, el artista se pasó del otro lado de las cámaras, con Obsesión mortal, una historia de terror psicológico que lo llevó a probar sus convicciones y a compartir la visión de quien construye y narra; no conocería qué tan exitosa resultaría su incursión. En los años por venir, haría dirección, actuación y producción. Al respecto, en muchas de sus caracterizaciones parece él mismo, en el ocaso de su vida, con sus fortalezas y debilidades.


Más western


Aunque abordó el género policíaco y el drama, en los 80 y 90, de su manufactura destacan, en el western: La venganza del muerto (1973), El fugitivo Josey Wales (1976), Bronco Billy (1980) y El jinete pálido (1985) que, por cierto, subrayó su calidad como realizador y consiguió que Hollywood volteara a verlo como tal. Con ello, sería en 1993 cuando con Los imperdonables o Sin perdón obtendría cuatro estatuillas en los Premios Óscar, entre éstas, la de mejor director y la de mejor película.


En 2005, sería premiado con dos estatuillas en las mismas categorías, por Golpes del destino (Million dollar baby, su título original), además de que participó en la realización y en la musicalización.


Con Gran Torino (2008), es como el actor regresa al estelar, al mismo tiempo que figura en la producción y dirección; una historia que provocó, en su momento, un gran debate por la temática que maneja en torno a la intolerancia social y generacional.


Después de éstas, vendrían Invictus (2009), Más allá de la vida (2010), J. Edgar (2011), Jersey Boys: Persiguiendo la música (2014), El francotirador (2014), 15:17 Tren a París y La mula (2018), y Richard Jewell (2019), en las cuales se definiría más por la dirección.


Cabe destacar que, en 2012, luego de varios años sin ser dirigido, y a los 82 años de edad, se puso en manos de Robert Lorenz, en Golpe de suerte; con lo cual reconoció que, en ocasiones, se termina mintiendo, pues había afirmado que ya no volvería a actuar.


La otra trama

No todo ha sido contar historias con cierta fantasía, Eastwood también tiene una interesante trama que es propia, ya que, casado en dos ocasiones, procreó ocho hijos con seis mujeres distintas, y aunque ha reconocido que no ha sido un buen padre, pues ha estado ausente gran parte de su vida, algunos de ellos trabajan en el cine y tienen una relación cercana con él.


En 1953, contrajo nupcias con Maggie Johnson, con quien tuvo a Kyle (n. 1968) y Alison (n. 1972), pero, como el seductor que era, durante el matrimonio sostuvo una relación con Roxanne Tunis, con quien procreó a su hija Kimber (n. 1964). Al promediar la década de los 70, conoció a la actriz Sondra Locke, con quien vivió una tormentosa relación de 13 años, aunque sin hijos. En los 80, se vinculó con Jacelyn Reeves, con quien dio vida a Scott (n. 1986) y Kathryn (n. 1988), y en los 90, con la actriz británica Frances Fisher, con quien tuvo a Francesca (n. 1993); tres años después, con Dina Ruiz, procreó a Morgan. Para completar su descendencia, en 2018, el artista presentó públicamente a Laurie Murray (n. 1954), la hija que tuvo con una mujer de Seattle, mientras estaba comprometido con su primera esposa.


Otro ángulo de su vida personal ha sido su postura política como republicano, en una industria en la que una gran mayoría es demócrata. De 1986 a 1988, fue alcalde de Carmel-by-the-Sea, un singular pueblo de California, cargo por el que fue elegido con el 72 por ciento de votos y no cobró más de 200 dólares mensuales. Se trató de un trabajo que le sirvió para acrecentar su carrera artística, aunque decidió no buscar la reelección.

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