top of page

El algoritmo, el “gran hermano” de la redes sociales, que nos observa

  • Foto del escritor: Redacción Relax
    Redacción Relax
  • hace 4 días
  • 4 Min. de lectura

Cada vez que se abre una red social, parece ocurrir algo casi mágico en el contenido que vemos. Y es que, de pronto, comienzan a aparecer videos que nos gustan y nos hacen reír, artículos que coinciden con nuestras opiniones o intereses, o productos que, curiosamente, estábamos pensando comprar. Muchos usuarios describen que estas “coincidencias” parecen como si el teléfono “escuchara” sus pensamientos; sin embargo, aunque suene como algo muy exagerado, la realidad no está muy alejada de aquella idea, ya que, de alguna manera, nuestros dispositivos sí nos espían, a través de los llamados algoritmos informáticos, que monitorean y aprenden de nuestro comportamiento digital, para, con base en ello, complacernos.


¿Cómo funcionan?


Las plataformas tecnológicas han construido sistemas capaces de analizar millones de señales, para anticipar qué contenido tiene más probabilidades de captar nuestra atención. No leen la mente, pero sí procesan datos sobre cómo navegamos, qué miramos de manera usual, cuánto tiempo permanecemos en una publicación y qué ignoramos por completo. En términos simples, estos sistemas observan patrones como:


  • Cuánto tiempo nos quedamos viendo un video o imagen, y qué tipo de contenido es.

  • Si le damos “me gusta” o no.

  • Si lo compartimos.

  • Si lo volvemos a reproducir.

  • Sí abandonamos el contenido en pocos segundos.


Estos sistemas están basados en el aprendizaje automático, una rama de la inteligencia artificial que permite a los programas mejorar sus predicciones a partir de datos previos. La redes sociales, como TikTok, Instagram, Facebook o YouTube, utilizan la información recaudada para enviarnos recomendaciones de contenido de acuerdo a nuestros gustos o intereses. Es decir, cada acción se convierte en una señal que ayuda al algoritmo a ajustar lo que nos mostrará después.


Por ejemplo, el propio sistema de recomendaciones de TikTok analiza interacciones del usuario, información del video y ajustes del dispositivo, para decidir qué aparecerá en la sección “For you”, el espacio donde muchos usuarios descubren nuevos contenidos. Esta lógica se explica en el centro de transparencia de la plataforma.


Al final, el algoritmo responde a lo que nos gusta o no, y también intenta predecir lo que nos mantendrá más tiempo dentro de la aplicación.


Datos que dejamos sin darnos cuenta


El aprendizaje del algoritmo se alimenta de una enorme cantidad de datos. Algunos son evidentes, como los perfiles que seguimos o los comentarios que publicamos; sin embargo, otros son mucho más sutiles. Por ejemplo, entre las señales que pueden utilizar las plataformas están: historial de búsquedas, ubicación aproximada, tipo de dispositivo, horarios de conexión.


Este proceso se conoce en el ámbito académico como “perfilado algorítmico”, una práctica mediante la cual los sistemas digitales construyen representaciones del usuario, para anticipar comportamientos o intereses. Según investigaciones del área de ciencia de datos y comunicación digital, estos perfiles pueden llegar a incluir cientos o miles de variables derivadas del comportamiento digital del usuario. Por lo tanto, no es que alguien esté mirando individualmente cada cuenta, sino que el trabajo lo realizan modelos matemáticos que analizan patrones entre millones de usuarios.


Uno de los efectos más debatidos de estos sistemas es el llamado “filtro burbuja”, un concepto popularizado por el activista digital Eli Pariser, a través de su libro homónimo, publicado en 2011 (El filtro burbuja: Lo que el Internet te oculta). La idea describe cómo los algoritmos tienden a mostrarnos contenido similar a lo que ya consumimos, reduciendo la exposición a puntos de vista distintos; por consiguiente, el sistema aprende que nos interesa cierto tipo de información y comienza a reforzarla. 


Investigaciones del Pew Research Center y otros centros académicos han señalado que los sistemas de recomendación pueden amplificar contenidos que generan reacciones fuertes –emocionales, polémicas o sorprendentes–, porque ese tipo de publicaciones suele generar más interacción, lo que significa más tiempo de uso, y ese tiempo es uno de los recursos más valiosos del ecosistema digital.

¿Quién decide? ¿El usuario o el algoritmo?


Decir que el algoritmo “decide por nosotros” es una simplificación. En realidad, ocurre algo más complejo, puesto que se hablaría de un proceso de retroalimentación entre el usuario y la máquina. El usuario elige qué mirar, pero el algoritmo organiza el entorno donde esas decisiones ocurren, así que esa interacción constante crea un círculo donde el sistema aprende del comportamiento humano y, al mismo tiempo, lo orienta. Por eso, muchos especialistas hablan de una arquitectura de atención, que es un diseño digital pensado para dirigir la mirada hacia determinados contenidos.

 

 

Frente a este escenario, expertos en comunicación y tecnología coinciden en que la mejor herramienta para los usuarios es comprender cómo funcionan estas dinámicas; por ello, es importante ser conscientes de que un algoritmo selecciona lo que vemos, y esto permite tomar pequeñas decisiones que cambian la experiencia digital, como buscar activamente información diversa, seguir fuentes distintas o salir ocasionalmente de los contenidos recomendados.


Pero aunque los algoritmos puedan anticipar nuestras preferencias con sorprendente precisión, todavía hay algo que ninguna plataforma puede predecir del todo y es nuestra capacidad de elegir mirar más allá de lo que nos muestran.  

 

 

 

 

Comentarios


bottom of page