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Drew Struzan, el hombre detrás del póster que marcó generaciones

  • Foto del escritor: Redacción Relax
    Redacción Relax
  • 5 ene
  • 5 Min. de lectura

Fotos: Facebook Drew Struzan
Foto: Facebook Drew Struzan

Hay imágenes que definen una era: los rostros heroicos de Indiana Jones, los destellos de los sables láser en Star Wars, el DeLorean volando en Volver al futuro. Todas ellas llevan la firma invisible de Drew Struzan. Aunque su nombre no siempre aparece en los créditos, sus ilustraciones dieron rostro a las películas que marcaron el cine moderno.


El pincel del cine, un artista que no buscaba fama


En un mundo donde el arte y la publicidad suelen cruzarse, Drew Struzan encontró el equilibrio perfecto entre ambos. Nacido en 1947, en Oregon City, Estados Unidos, su carrera comenzó lejos del glamour de Hollywood. En los años setenta, mientras la industria cinematográfica descubría el poder del marketing visual, Struzan trabajaba como ilustrador comercial, diseñando portadas de discos para músicos de rock. De hecho, una de sus primeras piezas notables fue la portada del álbum Welcome to my nightmare, de Alice Cooper. Esa mezcla entre dibujo realista, dramatismo, detalle y emoción fue el inicio de un estilo inconfundible.


Su llegada al cine fue casi accidental. Los estudios empezaban a buscar algo más que simples fotografías para sus carteles; querían imágenes que capturaran la esencia de una película. En una época sin Photoshop ni inteligencia artificial, Drew pintaba a mano, combinando aerógrafo, gouache y acrílico, con una precisión obsesiva. Cada trazo suyo lograba algo más que representar rostros: transmitía atmósferas, promesas, historias.


Foto: Facebook Drew Struzan
Foto: Facebook Drew Struzan

Cuando George Lucas vio por primera vez el trabajo de Drew Struzan, supo que había encontrado a su artista ideal. Era la época en la que Star Wars ya era más que una película: era un fenómeno cultural que necesitaba una imagen a su altura. Struzan, con su dominio de la luz y su sentido épico de la composición, creó los pósters, que, hoy, son casi tan icónicos como las películas mismas. Cada personaje y cada destello de sable de luz estaban cuidadosamente equilibrados para contar una historia visual.



Foto: Facebook Drew Struzan
Foto: Facebook Drew Struzan

Pero Star Wars no fue su único gran proyecto. Poco después, Steven Spielberg lo convocó para dar vida al universo de Indiana Jones. Struzan capturó al arqueólogo más famoso del mundo con una mezcla de realismo y romanticismo que se volvió instantáneamente reconocible. Harrison Ford, en sus retratos, parecía no sólo un héroe de acción, sino un símbolo de una época dorada del cine de aventuras.


Los años ochenta y noventa fueron su período de esplendor, con los carteles para Volver al futuro, Blade runner, Los Goonies, E. T., Hook, La cosa y decenas más; todas llevaron su sello. Su estilo no era sólo reconocible, sino profundamente emocional. En una era en la que los carteles fotográficos comenzaban a dominar la publicidad, Struzan se mantuvo fiel al arte pintado a mano; un gesto casi romántico frente al avance tecnológico.


Cada póster suyo parecía un pequeño mural, donde el color, la luz y la expresión humana contaban más que cualquier eslogan. Y aunque, muchas veces, tenía que trabajar contra el reloj, su capacidad para sintetizar una historia completa en una sola imagen era asombrosa.


El ocaso del cartel pintado



Foto: Facebook Drew Struzan
Foto: Facebook Drew Struzan

Con la llegada del siglo XXI, los estudios comenzaron a apostar por diseños digitales y fotografías retocadas. Los carteles pintados a mano fueron desapareciendo poco a poco. Drew Struzan, decepcionado por la pérdida de esa conexión humana con el arte, decidió retirarse oficialmente, en 2008. No fue una decisión amarga, sino natural. Había cumplido su misión: dejar una herencia estética que difícilmente podrá repetirse.


Aun así, su nombre nunca dejó de aparecer. George Lucas y Steven Spielberg lo siguieron buscando para proyectos especiales. En 2015, cuando Star Wars: El despertar de la fuerza estaba por estrenarse, el estudio volvió a contactarlo. Struzan aceptó, y el resultado fue un póster que unió pasado y presente, como si el tiempo no hubiera pasado.


Su retiro no significó silencio. Se dedicó a exponer su obra en galerías, a publicar libros recopilatorios –como The art of Drew Struzan y Oeuvre– y a inspirar a nuevas generaciones de artistas. Muchos lo consideran el último gran maestro del cartel cinematográfico clásico. En un documental dedicado a su vida, Drew: The man behind the poster (2013), figuras como Guillermo del Toro, Frank Darabont y Michael J. Fox rinden homenaje a su legado. Todos coinciden en algo: sin Struzan, las películas no se verían igual.


Más allá de su talento técnico, su historia es también una lección de integridad artística. Drew Struzan nunca cedió a la tentación de la moda ni a las exigencias del mercado. Pintó lo que creía, como lo sentía. Por eso, incluso, en la era digital, su arte sigue conmoviendo. En un mundo saturado de imágenes, sus pósters conservan la magia de lo hecho a mano, lo imperfecto, lo humano.


Su último trazo, su legado y despedida



Foto: Facebook Drew Struzan
Foto: Facebook Drew Struzan

En marzo de 2025, una noticia estremeció al mundo del arte y del cine: la esposa de Drew Struzan reveló públicamente que el artista llevaba varios años viviendo con la enfermedad de Alzheimer. Su salud, dijo entonces, había empeorado tanto que ya no podía pintar ni firmar autógrafos para los admiradores que seguían escribiéndole desde todos los rincones del mundo. Era un golpe doloroso, no sólo para quienes apreciaban su obra, sino para toda una generación que había crecido con sus imágenes como portales hacia la imaginación.


El 13 de octubre de 2025, Drew Struzan falleció, a los 78 años, rodeado de su familia, en su hogar, en California. La noticia fue confirmada por su esposa, quien lo describió como “un hombre que pintó hasta que ya no pudo sostener el pincel, y aun entonces seguía soñando con colores”. Su partida dejó un vacío inmenso, pero también una certeza: el arte que creó seguirá viviendo en la memoria colectiva por generaciones.


Los estudios de cine, los museos y las escuelas de arte alrededor del mundo rindieron tributo a su legado. Disney y Lucasfilm iluminaron sus oficinas con imágenes de los carteles de Star Wars.


Aun en su ausencia, su influencia se mantiene viva. Jóvenes artistas siguen estudiando su técnica, buscando, en sus trazos, la forma de unir la emoción humana con la estética del cine. Muchos lo llaman “el último gran pintor del séptimo arte”, un título que él nunca habría reclamado, pero que define, con justicia, su aporte. Drew Struzan no sólo dio rostro al cine moderno, le dio alma. Aunque el tiempo haya cambiado los métodos, su arte permanece como testimonio de una era donde la pasión y la imaginación se encontraban en cada trazo.

 

 

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