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El 'Jules Rimet', el pimer trofeo de la Copa Mundial, que ya no existe

  • Foto del escritor: Redacción Relax
    Redacción Relax
  • hace 17 horas
  • 4 min de lectura



Con la fiebre mundialista de este año y, particularmente, de este mes, las conversaciones giran en torno a las selecciones favoritas, las grandes estrellas del futbol, las quinielas imposibles, las sedes repletas de aficionados y los momentos históricos que dejaron las ediciones pasadas. Sin embargo, entre tantos reflectores, pocas veces se habla del verdadero símbolo que todos persiguen cada cuatro años, en el Torneo Mundial de la FIFA: el trofeo.


La copa es una pieza única y original, propiedad de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), que, en cada torneo, se otorga al nuevo campeón. Pero, contrario a lo que pudiera pensarse, ésta no se le regala ni se le presta durante el tiempo que ostenta el título, sino que sólo se le concede por unas horas, durante el tiempo que duran los festejos en la cancha y la ceremonia de premiación. Después de ello, la FIFA le retira el trofeo original y le obsequia, entonces, una réplica del mismo.


Esto es por motivos de seguridad, pues, entre tantas anécdotas de los Mundiales, están aquellas relacionadas con robos y extravíos de tan preciado trofeo; y es que, anteriormente, la copa sí se le prestaba al campeón, todo el tiempo, hasta que hubiera uno nuevo.


Mucho antes del actual trofeo dorado que levanta la selección de futbol campeona del mundo –muy conocido por todos–, existió otro, el primero, el original, que era muy diferente en diseño. Se trata del trofeo Jules Rimet, que no sólo coronó a los primeros campeones, sino que también protagonizó historias dignas de película, entre desapariciones, robos y guerras, dejando un legado que marcó, para siempre, la historia del futbol. Aquella pieza acompañó al futbol desde Uruguay 1930 hasta México 1970 y terminó convirtiéndose en una de las reliquias deportivas más buscadas y misteriosas del siglo XX.


La “victoria” en una copa  


El origen del trofeo Jules Rimet se remonta a finales de la década de 1920, cuando la FIFA decidió

crear una competencia internacional de selecciones nacionales. El francés Jules Rimet, entonces presidente del organismo, fue uno de los principales impulsores del proyecto y ayudó a convertir en realidad el sueño de un campeonato mundial.


Así, para el primer Mundial de futbol, celebrado en Uruguay, en 1930, se creó un trofeo especial, diseñado por el escultor francés Abel Lafleur. La pieza representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, sosteniendo una copa octagonal sobre su cabeza. Estaba elaborada principalmente en plata esterlina bañada en oro y colocada sobre una base de lapislázuli, una piedra semipreciosa. Medía aproximadamente entre 30 y 35 centímetros y pesaba cerca de 3.8 kilogramos. Más que un trofeo, parecía una obra de arte salida de un museo clásico.  


Originalmente, no se llamaba Jules Rimet. Su nombre inicial era Victoria o “Coupe du Monde”, pero, en 1946, fue rebautizado en honor del dirigente  francés Jules Rimet, como reconocimiento a su papel fundamental en la fundación del torneo mundialista.


Durante 40 años, aquella copa fue levantada por selecciones legendarias. Uruguay la conquistó primero en 1930, y, otra vez, en 1950; Italia la ganó dos veces consecutivas (1934 y 1938); Alemania Federal e Inglaterra la alzaron una vez, en 1954 y 1966, respectivamente; pero fue Brasil quien terminó quedándose con ella, para siempre.


Y es que la FIFA había establecido la regla especial de que cualquier selección que lograra ganar tres Copas del Mundo conservaría el trofeo en propiedad definitiva. Brasil alcanzó esa marca en el Mundial de México 1970, al conquistar su tercer título –y tras haber sido campeón en 1958 y 1962–, liderado por figuras históricas, como Pelé, por lo que recibió oficialmente el Jules Rimet como patrimonio permanente. Pero lo que parecía el final perfecto para la historia del trofeo terminó convirtiéndose en una tragedia; que, viendo en retrospectiva, ya había sido vaticinada desde tiempo atrás…


Los primeros presagios

Dada la importancia y el valor del trofeo, resulta lógico que los criminales y ambiciosos quisieran hacerse de ella. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) –período en el que el torneo mundialista tuvo que suspenderse–, el italiano Ottorino Barassi, dirigente de la Federación Italiana de Futbol –que conservaba el trofeo por ser el último campeón antes del estallido del conflicto–, escondió el trofeo dentro de una caja de zapatos, debajo de su cama, para evitar que fuera confiscado por tropas nazis.


Pero uno de los episodios más famosos y escandalosos ocurrió en 1966, antes del inicio del Mundial en Inglaterra, ese mismo año. Durante una exhibición en Londres, el trofeo fue robado. Durante días, estuvo desaparecido, sin rastro alguno, hasta que un perro llamado Pickles, mientras paseaba con su dueño, lo encontró por casualidad, envuelto en papel, entre unos arbustos. Ese episodio, que hoy parece anecdótico, anticipaba un destino más oscuro…


La “victoria” que no ha vuelto

En 1983, cuando el trofeo ya pertenecía a Brasil, ocurrió su último capítulo. La copa fue robada de la sede de la Confederación Brasileña de Futbol, en Río de Janeiro; la vitrina donde se exhibía fue vulnerada con sorprendente facilidad y, desde entonces, el trofeo no ha vuelto a aparecer. En su momento, el hecho causó conmoción mundial, por el valor económico de la pieza y por su gran valor histórico, pero, con el tiempo, parece haber quedado en el olvido o bajo la resignación de que lo más seguro es que aquella copa ya no exista.


Y es que investigaciones posteriores apuntaron a que el trofeo pudo haber sido fundido para vender el oro en lingotes. Varias personas fueron detenidas, entre ellas, un joyero argentino señalado como uno de los responsables de reducir la pieza a metal común; sin embargo, jamás pudo obtenerse una prueba definitiva, por lo que el destino exacto de la copa sigue rodeado de versiones contradictorias y misterio. Desde entonces, del Jules Rimet sólo sobreviven réplicas y su base original, que fue encontrada años después en archivos de la FIFA.


La desaparición del trofeo original obligó a la FIFA a diseñar uno nuevo y amplificó la necesidad de reforzar radicalmente la seguridad de los trofeos oficiales, marcando así el fin simbólico de una era romántica del futbol. Desde la edición de 1974, la competición entrega la copa que conocemos en la actualidad, conocida simplemente como el Trofeo de la Copa Mundial de la FIFA, creada por el escultor italiano Silvio Gazzaniga.


Aunque el trofeo Jules Rimet ya no existe físicamente –al menos, no de manera oficial–, continúa siendo uno de los objetos más legendarios en la historia de este deporte, con una historia que mezcla gloria, arte, ambición, vandalismo y una incógnita que aún no se ha resuelto.

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