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László Krasznahorkai, el húngaro que convirtió el fin del mundo en literatura

  • Foto del escritor: Redacción Relax
    Redacción Relax
  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura

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El Nobel de Literatura 2025 coronó la carrera de László Krasznahorkai, un autor que, contra todas las modas, apostó por novelas torrenciales, oscuras y desbordantes. Su obra, marcada por frases interminables y un sentimiento apocalíptico, encontró en el cine un aliado inesperado. Hoy, celebramos al escritor que hizo del caos una belleza literaria.


Cómo se forjó la voz más extraña de Hungría


László Krasznahorkai nació en 1954, en Gyula, una pequeña ciudad al sureste de Hungría. Ese origen provinciano, lejos de los grandes centros culturales, marcó profundamente su visión del mundo: un espacio detenido, cargado de silencios, inestabilidades y tensiones latentes, que, luego, poblarían sus novelas.


Estudió derecho y filología, aunque lo que realmente le interesaba era observar cómo se desdoblaba la vida cotidiana bajo el régimen socialista. Krasznahorkai creció en una Hungría donde la vigilancia y la sospecha eran el pan de cada día, y aunque no hizo de la política un motivo explícito, es evidente que la atmósfera asfixiante de su juventud moldeó su sensibilidad literaria. Su primer gran éxito llegó con Tango satánico (1985), un libro que tardó años en escribirse y que ya contenía su sello: frases largas como respiraciones desesperadas, un humor negro sutil y una humanidad atrapada en sus propios límites.


A finales de los años ochenta, el escritor comenzó a viajar con frecuencia, sobre todo a Alemania y a Japón. Este último país fue crucial para él. La cultura japonesa, con su mezcla de austeridad, rigor y espiritualidad, se convirtió en una fuente de inspiración constante. Vivió temporadas largas en Kioto y en la región de Kumano, donde se acercó a los rituales sintoístas y al budismo zen. Esos años dieron origen a obras como La melancolía de la resistencia (1989) y Guerra y guerra (1999), donde se siente la búsqueda de una trascendencia posible en medio del desmoronamiento del mundo.


Novelas para el fin del mundo


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La obra de Krasznahorkai suele describirse como “apocalíptica”, pero no en el sentido convencional de catástrofes espectaculares. Su apocalipsis es íntimo, lento, casi imperceptible; una forma de erosión espiritual y social que carcome las certezas de los personajes. Es una literatura del derrumbe, pero del derrumbe cotidiano, ese que ocurre cuando el orden empieza a resquebrajarse.


Tango satánico fue su primer libro. Presenta un pueblo en ruinas, atrapado en un ciclo de pobreza, manipulación y esperanza falsa. Su estructura circular (como un baile que avanza y retrocede) anticipa el estilo que lo haría célebre: narradores que se deslizan como cámaras, personajes obsesivos y un ambiente denso, como tormenta eléctrica.


La melancolía de la resistencia es considerada, por muchos, su obra maestra. En ella, un misterioso circo llega a un pueblo y desencadena una ola de fanatismo y violencia. Krasznahorkai explora la fragilidad del orden social y la fascinación humana por lo irracional. Esta novela contiene algunas de las frases más largas de la literatura contemporánea, auténticas corrientes de pensamiento que arrastran al lector.


En Guerra y guerra, se adentró aún más en la obsesión, siguiendo a un archivista que cree haber descubierto un manuscrito que contiene “la verdad total” sobre la humanidad. La novela transcurre entre Hungría y Nueva York, y reflexiona sobre el impulso humano por dejar una huella, aun cuando todo parece destinado a desaparecer.


Su obra posterior, Y Seiobo descendió a la Tierra (2008), es una celebración de la tensión entre lo divino y lo humano. Aquí, la estética japonesa influyó profundamente, con capítulos construidos como impresiones, meditaciones sobre la belleza y el sacrificio, y personajes atrapados entre el deseo de perfección y la imposibilidad de alcanzarla.


Leer a Krasznahorkai es entrar en un universo donde todo tiembla: las fronteras entre locura y lucidez, entre orden y caos, entre vida y extinción. Sus novelas exigen atención y paciencia, sí, pero recompensan con una experiencia que no se parece a nada más. En tiempos donde prevalecen los textos breves y las lecturas rápidas, su literatura se ha convertido en un desafío, un recordatorio de que todavía es posible perderse y encontrarse en la palabra.


Un Nobel para la literatura que incomoda


La noticia llegó una tarde de octubre pasado: László Krasznahorkai era el ganador del Premio Nobel de Literatura 2025. Para el gran público, su nombre podía sonar distante, incluso, intimidante, para los lectores fieles; sin embargo, fue un triunfo largamente esperado. Desde hacía años, se hablaba de él como uno de los escritores vivos más importantes; un autor que había construido una obra exigente pero profundamente humana.


El comité del Nobel destacó “su obra convincente y visionaria, que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”. Para muchos críticos, la distinción fue una señal de valentía: premiar a un escritor que no se adaptó a las tendencias, que jamás sacrificó complejidad por popularidad, que se mantuvo fiel a su estilo, incluso cuando parecía ir a contracorriente.


El anuncio provocó un renovado interés internacional en su obra. Librerías de Europa y América reportaron, en cuestión de horas, un aumento en las ventas de sus novelas. Nuevas traducciones fueron anunciadas y su figura (hasta entonces, reservada para lectores especializados) empezó a alcanzar al público general. Para Krasznahorkai, que hacía años que vivía entre Berlín y la campiña húngara, el Nobel fue una sorpresa. En declaraciones breves, dijo sentir gratitud y desconcierto.


El premio también revitalizó el debate sobre la literatura “difícil” y su lugar en el mundo contemporáneo. ¿Puede un novelista que escribe párrafos de diez páginas conectar con lectores jóvenes? ¿Sigue habiendo espacio para la complejidad, la ambigüedad y el ritmo lento en una era dominada por la inmediatez? El Nobel 2025 respondió afirmativamente. “Vivimos un mundo polimórfico, con múltiples ángulos, detalles, sutilezas, posverdades y fake news. Debemos poner mucha atención para entender o, al menos, intentar entender la realidad cotidiana".


El galardón no sólo reconoció a Krasznahorkai, sino también la tradición literaria húngara, siempre rica, siempre intensa. En su figura, el Nobel honró a un escritor que convirtió el caos en belleza y la inseguridad en una forma de verdad.


László Krasznahorkai llegó al Nobel sin buscarlo, guiado únicamente por la intensidad de sus obsesiones literarias. Su obra, difícil pero hermosa, confirma que, incluso, en tiempos de prisa, hay espacio para la profundidad. El 2025 sólo reconoció lo que sus lectores sabían desde hace décadas: es un maestro del caos poético.

 

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