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  • Hedy Hernández

Raíces mexicanas en Mónaco

Actualizado: 4 oct 2023



El 11 de diciembre de 1857, en la Catedral Metropolitana, se llevó a cabo uno de los eventos más importantes en la Ciudad de México, el matrimonio de María Luisa de los Ángeles Ignacia de Mier y Celis con Isidoro de la Torre y Carsi.


Con este enlace, se unían dos de las familias más poderosas de nuestro país. La familia De la Torre y Carsi poseía los ingenios azucareros más grandes de toda Latinoamérica, y los Mier eran considerados de los más ricos de la nación y dueños de más de diez haciendas en territorio azteca.


El matrimonio tuvo siete hijos: Susana, Isidoro, Tomás, María de la Concepción, María Guadalupe, María de la Esperanza e Ignacio. La mayor de todos, Susana María Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier, nació el 2 de septiembre de 1858 y fue educada junto a sus tres hermanas, en los mejores colegios de México, Estados Unidos y Europa.


En 1881, durante uno de sus viajes a Europa, Susana conoció al conde Maxence de Polignac –miembro de una de las familias con más abolengo en Francia– quien quedó flechado por la mexicana, a la que cortejó hasta pedir su mano. Susana, de 23 años, y Maxence, de 24 años, se casaron el 8 de octubre de 1881 en París, Francia.


La pareja tuvo siete hijos, Joséphine, Marie Louise, Xavier, Anne, Maxence, Bertrand y Pierre de Polignac.


Susana fue una madre muy presente en la educación de sus hijos, a quienes por las noches solía leerles relatos del Bosque de Chapultepec y la Virgen de Guadalupe; y les hablaba de las tradiciones, los sabores y los hermosos lugares que tiene México.




Princesa monegasca busca marido


La historia se remonta a 1898, cuando Luis II de Mónaco, ante la presión de tener un heredero, y temiendo que se apoderase del trono el lado alemán de la familia, tuvo que reconocer a su hija ilegítima, Charlotte Louise, fruto de su relación con la cantante de cabaret, Marie Juliette Louvet.


Así, Charlotte pasó a apellidarse Grimaldi y recibió el título de duquesa de Valentinois y, por tanto, se convirtió en la heredera del trono monegasco.


Luis II sabía que tenía que casar bien a Charlotte para que ella diera otro heredero al principado y así asegurar la dinastía Grimaldi. Buscó entre las casas ducales más importantes de Francia, un esposo para su hija, y eligió a Pierre de Polignac, hijo de la mexicana Susana de la Torre y Mier.


Charlotte y Pierre tuvieron dos hijos, la princesa Antoinette Louise Alberte Suzanne (1920) y Rainiero III (1923), el padre de Alberto, Carolina y Estefanía de Mónaco.


Ya con un heredero, el príncipe Luis II aceptó que su hija abandonara Mónaco para retirarse a Francia, mientras que Pierre permanecía en Mónaco para hacerse cargo de sus hijos, replicando la educación y los valores que él recibió de su madre, con los pequeños Antoinette y Rainiero III.


A lo largo de su vida, Pierre viajó un par de veces a México para visitar a su familia materna y descubrir el país del que tanto le hablaba.


En 1944, la princesa Charlotte de Mónaco decidió renunciar a la línea de sucesión a favor de su hijo Rainiero III, quien en ese entonces ya contaba con 21 años de edad. A la muerte de Luis II de Mónaco, Rainiero accedió a la corona, el 19 de mayo de 1949, con tan sólo 26 años de edad.


El 10 de noviembre de 1964, el príncipe Pierre de Mónaco murió a causa de cáncer en el Hospital Americano de París, Francia. Una pérdida irreparable para Rainiero que acrecentó su curiosidad por descubrir más sobre la historia de nuestro país.


“Por mis venas corre tequila”, decía orgulloso el príncipe Rainiero III de Mónaco, cuando contaba la historia sobre su origen mexicano. Aunque Rainiero no conoció a su abuela, Susana de la Torre y Mier, fue gracias a los relatos de su padre (Pierre de Polignac) que pudo saber su historia y quedó fascinado con México y todas sus tradiciones


Rainiero se enamoró de la actriz de cine Grace Kelly, quien ostentó el título de princesa consorte de Mónaco al casarse el 19 de abril de 1956. Tuvieron tres hijos: la princesa Carolina, el príncipe heredero Alberto y la princesa Estefanía.


En honor a su abuela, Susana María Estefanía Francisca de Paula del Corazón de Jesús de la Torre y Mier, Rainiero nombró a su hija con el nombre de Estefanía.


El príncipe Rainiero siempre expresó su cariño por México, y su deseo por conocer más a fondo a sus antepasados lo llevaron a visitarlo en 1968. Además de asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos, aprovechó para ir a otras ciudades como Mérida y Cuernavaca.


Además, Rainiero quiso que sus hijos Carolina y Alberto hablaran perfectamente el español. El hoy príncipe regente de Mónaco, Alberto, lo habla y muy bien.


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