Historia de las librerías en la Ciudad de México: un viaje a través del papel, el tiempo y la memoria
- Hedy Hernández
- hace 1 día
- 5 Min. de lectura

La Ciudad de México no sólo es una capital llena de museos, palacios y mercados centenarios; también es una ciudad cuyo pulso cultural ha dependido, durante siglos, de sus librerías. Cada época, desde el periodo colonial hasta la era digital, ha dejado huella a través de establecimientos que vendieron mucho más que libros: ofrecieron pensamiento, debate y refugio intelectual. Este recorrido histórico revela cómo las librerías han marcado y acompañado la vida cultural de la ciudad y, por extensión, del país.
Los Siglos Coloniales: los primeros libreros de la Nueva España
Las primeras librerías de la Ciudad de México aparecieron poco después de la llegada de los españoles. La primera imprenta del continente, instalada por Juan Pablos en 1539, trajo consigo también la necesidad de comercializar libros. Por ello, alrededor del siglo XVI surgieron los primitivos vendedores de libros, llamados “tratantes de papeles”. No existían librerías tal como hoy las conocemos: eran pequeños puestos cerca de templos, colegios religiosos y el Palacio Virreinal.
Uno de los espacios clave fue la Plaza Mayor, actual Zócalo, donde se vendían libros importados de España junto a textos devocionales, manuales de latín y libros de ciencia escolástica. Las órdenes religiosas, especialmente los franciscanos y dominicos, fueron los primeros grandes distribuidores de libros, pues necesitaban materiales para la enseñanza y la evangelización.
Dato curioso: en el siglo XVII, muchos libros prohibidos por la Inquisición llegaban escondidos en cajas de vino o textiles. La Ciudad de México tuvo un activo mercado clandestino que alimentaba a criollos e intelectuales ávidos de ideas europeas.
Siglo XIX: las librerías del Centro y el auge del pensamiento liberal
Con la Independencia y las reformas educativas, surgió un nuevo público lector. A inicios del siglo XIX aparecieron las primeras librerías formales, con letreros, escaparates y catálogos.
La Calle de San José el Real (actual Madero)
Fue el corazón de la vida editorial decimonónica. Allí se ubicaron librerías como la de Mariano Galván, famoso por sus calendarios y ediciones económicas, o la Librería de Andrade, una de las más prestigiosas de su tiempo.
El Colegio de San Ildefonso
Cercano a comercios de libros, duplicó la demanda de textos científicos y literarios. Se decía que los estudiantes dedicaban más tiempo a “husmear entre libros” que a sus clases.
Con el Porfiriato, la ciudad vivió una modernización que también impactó el comercio cultural. Las librerías se volvieron espacios cosmopolitas: ofrecían libros franceses, novelas inglesas, publicaciones científicas alemanas y revistas ilustradas.
Dato curioso: en 1890 se popularizaron los “gabinetes de lectura”, precursores de las bibliotecas públicas, donde los lectores podían hojear libros sin comprarlos. Esto generó debates entre libreros, quienes temían perder ventas, y educadores, que veían la lectura como herramienta civilizadora.
Primera mitad del Siglo XX: librerías como centros intelectuales
Entre 1900 y 1950, las librerías de la Ciudad de México se convirtieron en puntos de encuentro de escritores, diplomáticos, periodistas y políticos. No sólo vendían libros: eran foros culturales.
Librería Porrúa
Fundada en 1900 por la familia Porrúa, comenzó como un pequeño puesto de libros usados en el centro. Hoy es una de las casas editoriales más importantes de México. Su sucursal en República de Argentina se volvió célebre por su ambiente casi de archivo histórico, con libros apilados hasta el techo.
La Librería de la Vda. de C. Bouret
Famosa por sus lujosas ediciones y por importar libros franceses. Era el lugar favorito de la élite porfiriana.
Los años posrevolucionarios
Con la fundación de la SEP (Secretaría de Educación Pública) en 1921, las librerías crecieron en número y variedad. Se impulsaron colecciones económicas y libros educativos. Surgieron librerías alrededor de escuelas, preparatorias y de la naciente Ciudad Universitaria.
Dato curioso: varios escritores de la época trabajaron como dependientes en librerías, aprovechando los horarios para leer todo lo que caía en sus manos. Se dice que algunos recibían parte de su paga en libros.
Segunda mitad del siglo XX: librerías emblemáticas y contracultura
Entre los años sesenta y noventa, la Ciudad de México vio surgir algunas de las librerías más queridas y legendarias.
Gandhi
Fundada en 1971 frente al Auditorio Nacional, nació con espíritu irreverente. Su estética desordenada y su horario nocturno la convirtieron en un oasis cultural. Sus letreros amarillos y frases irónicas se volvieron icono urbano. Fue una de las primeras en promover lecturas, conciertos, discos y cine-debate.
El Sótano
Fundado en 1967, creció hasta convertirse en una de las cadenas más grandes del país. Su sucursal en Miguel Ángel de Quevedo se reconocía por tener secciones específicas para poesía, música y ciencias sociales que muchos estudiantes consultaron durante décadas.
Librería Madero (de la UNAM)
Un espacio clave para investigadores y académicos. Muchos la recuerdan por sus ediciones universitarias agotadas en otros lugares.
La “Conservaduría” de Donceles
En la calle de Donceles se consolidó el mayor corredor de libros usados del país. Sus librerías, llenas de polvo y tesoros, son famosas por tener desde libros agotados hasta primeras ediciones. Es uno de los paseos predilectos de bibliófilos de todo el mundo.
Dato curioso: varios cineastas y escenógrafos han comprado libros en Donceles para ambientar películas históricas o para construir bibliotecas ficticias completas.
Siglo XXI: librerías como espacios multiculturales y resistentes
Con la llegada del internet y los libros digitales, se pensó que las librerías desaparecerían. Ocurrió lo contrario: resurgieron con nuevos modelos.
Librerías-Café
Muchos proyectos combinan gastronomía, talleres, música y conferencias. Entre los más reconocidos están:
· Cafebrería El Péndulo, con librerías-jardín y restaurantes.
· La increíble librería en la Roma, especializada en ilustración.
· Under the Volcano, dedicada exclusivamente a literatura en inglés.
Librerías independientes
Han aparecido con curadurías específicas: feminismo, ciencia ficción, poesía, arte contemporáneo, literatura latinoamericana o editoriales pequeñas. Son espacios de comunidad, donde los autores conviven directamente con los lectores.
Recuperación de calles históricas
Donceles sigue siendo epicentro del libro usado; Madero mantiene librerías patrimoniales; y nuevas colonias como la Juárez, Condesa y Roma concentran proyectos jóvenes que mezclan libros, galería y diseño.
Dato curioso: la Ciudad de México es una de las ciudades con mayor número de librerías por kilómetro cuadrado en América Latina, y su FIL del Zócalo es una de las ferias gratuitas más grandes del continente.
VI. Las Librerías como Memoria Viva
Las librerías de la Ciudad de México no solo venden libros: guardan historias, voces, generaciones completas de lectores. Han sobrevivido incendios, temblores, crisis económicas, revoluciones y cambios tecnológicos. Cada una representa un capítulo distinto:
las coloniales, el origen de la cultura impresa;
las decimonónicas, los años de modernidad;
las del siglo XX, la bohemia, la contracultura y el pensamiento crítico;
las actuales, laboratorios creativos de una ciudad que sigue leyendo.
Hoy, cuando la lectura adopta formatos digitales y las fronteras entre lo físico y lo virtual se diluyen, las librerías encuentran nuevas formas de existir. Siguen siendo refugios para quienes buscan ideas, historias o simplemente el placer del papel entre las manos.
La historia de las librerías de la Ciudad de México es, en realidad, la historia de su gente: curiosa, apasionada, inquieta y profundamente unida al acto de leer. Porque en esta ciudad, tan vasta y diversa, siempre habrá un rincón donde un libro espera a su lector.
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