top of page
  • Foto del escritorRedacción Relax

Atravesando la Sierra Tarahumara, el Chepe parece tocar el cielo



En julio pasado, el Chepe, el ferrocarril Chihuahua-Pacífico, que es el único tren de pasajeros existente en nuestro país, volvió a dar servicio, tratando de mantener todas las medidas sanitarias para seguridad de lo mismos.

Es así como, con su característico silbato, el sexagenario convoy recorre 673 kilómetros de distancia, de la ciudad de Chihuahua a Los Mochis, Sinaloa, y pasa por las famosas Barrancas de Cobre, dejando atrás una admirable magnitud montañosa y también un mosaico de ver una y otra vez.

Corrida Chihuahua- Los Mochis


Muy temprano, aun con la penumbra de la mañana y con sus pasajeros todavía somnolientos, sale el primer tren de la terminal de Chihuahua. Cabe decir que ofrece asientos en clase económica, clase especial o turística.

Después de un tramo, se eleva de mil 400 a mil 900 metros, dejando a su paso agrestes terrenos, modestas viviendas, pero también campos plagados de vegetación y sí, por supuesto, áridas y pedregosas montañas. Así, pasa por el pueblo de San Andrés Riva Palacio, el cual es de economía principalmente agrícola.

Un vistazo por las ventanas, nos produce cierto vértigo, al percatarnos de que estamos pasando sobre un puente, cubierto al límite por la amplitud de sus vías; más abajo, sólo hay grutas y un despeñadero, lo cual no es un problema, pues la exactitud de su operación está ciento por ciento probada.

Otro poblado que llama la atención es Valle de San Antonio, meca de la inmigración de menonitas en la década de los años 20, y una región que dio paso al establecimiento de huertos de manzanas. ¿Reconoce la procedencia de la famosa manzana Chihuahua?

Enseguida está Anáhuac, una población agrícola, cuya fábrica de celulosa, que porta el mismo nombre, vino a diversificar la economía en la década de los 50; más adelante, se ubica Cuauhtémoc, una ciudad con más de 170 mil habitantes, en la cual también se encuentran varias colonias de menonitas.

La primera parada del Chepe tiene lugar, luego de 133 kilómetros de camino, casi dos horas y media después de que fue abordado por los pasajeros. En ésta, descienden algunos y suben otros.

En cuanto pasa un breve momento, vuelve a sonar su silbato y continúa su camino. Para ese instante, ya el sol comienza a calentar y a brillar en el horizonte. Los pasajeros pueden disfrutar del paisaje, leer, dormir, escuchar música con auriculares, o bien, simplemente conversar.

Sigue San Juanito, un pueblo de la Sierra Tarahumara, con muy bajas temperaturas de hasta menos siete grados, siendo acaso la región más fría de nuestro país, con 2 mil 400 msnm, y cuyas viviendas están alejadas unas de otras, lo cual le da un toque pintoresco.

Al medio día, el Chepe llega a Creel, una ciudad turística ubicada en lo alto de la Sierra Madre Occidental, donde se mezclan habitantes provenientes de varias regiones y, en particular, se observa a los rarámuris, quienes se acercan a los pasajeros para vender sus artesanías, en medio del gran movimiento de una terminal.

Cabe decir que, a partir de que en nuestro país comenzó la lucha contra el narcotráfico, los trenes del Chepe, son objeto de un control muy minucioso, con el fin de proteger a la población y a los pasajeros.

Enseguida, el convoy pasa por la llamada región de los siete cañones y, más adelante, se empata con otros trenes en un punto semejante a un paradero, donde muchas personas lo ven pasar con un gesto de respeto.

Divisadero estación, es un sitio donde hay un amplio mirador, en el cual se extasían y toman fotografías los pasajeros, pues se encuentran tocando el cielo. El tren se detiene en Barrancas del Cobre, donde, ahora sí, la cima de las montañas está a unos metros; una vez más, aquí la gente acude a vender sus artesanías y souvenirs.

El tren sigue su marcha…

Ahora, podemos ver un poblado ensombrecido por una de las grandes cimas, una sombra que alcanza al tren, pero más allá, muy al contrario, están otros iluminados por el sol; es un maravilloso contraste de luz y sombra.

En ocasiones, el flexionar de sus vagones en las curvas, provoca ciertos rechinidos, que son parte de su esencia, es un tren en curso. La noche comienza a caer.

Muy cerca, ya de su destino, se puede leer en un enrejado, soportado en una de las montañas: “F. C. Chihuahua al Pacífico. Fue puesto en servicio por el C. Adolfo López Mateos, presidente de la República, en conmemoración del cincuentenario de la Revolución Mexicana… (y da cuenta de unas cifras de su inversión entre 1958 y 1961, de acuerdo a la Secretaría de Obras Públicas)”.

Pasando las nueve de la noche, el Chepe, llamado así por las iniciales Ch (Chihuahua) y P (Pacífico), llega a la ciudad de Los Mochis, luego de 15 horas aproximadamente.


En la Sierra Tarahumara, se encuentran más de 60 mil indígenas rarámuri, conocidos en todo el mundo por su rapidez para correr.


Su origen se remonta al año 1880, cuando el general Manuel González concedió al norteamericano Albert Kinsey Owen de la Utopía Socialist Colony de New Harmony, de Indiana, en Estados Unidos, la concesión para construir un ferrocarril, ya que esta organización deseaba crear nuevas colonias socialistas. Debido a los descomunales gastos que esto representaba, el proyecto quedó parado, así que fue hasta 1961, cuando, al establecerse el tramo desde Creel, en Chihuahua, hasta San Pedro, Sinaloa, se vinculó el ferrocarril Kansas City México y Oriente con dirección de Topolobampo hasta San Pedro, con el ferrocarril Noroeste, orientado hasta Creel, lo cual dio origen a la empresa Ferrocarril Chihuahua al Pacífico, S. A. de C.V., un medio que transporta carga y pasaje.

Posteriormente, en 1998, nació Ferrocarriles Mexicanos (Ferromex), firma privada que retomó el servicio donde se asienta el Chepe, con dos viajes al día, uno de Chihuahua a Los Mochis y otro de regreso.



Comments


Commenting has been turned off.
bottom of page