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  • Foto del escritorRedacción Relax

Extremos y contrastes de Elon Musk



Elon Musk ha sido tachado de excéntrico, exigente, dictatorial, exagerado, colérico y hasta de tener una visión superlativa de sus proyectos, pero hay quienes, han alabado su actitud emprendedora, su enfoque quimérico, que sigue sus pasiones, piensa en grande, que asume todos los riesgos, y que posee otras actitudes que lo han llevado a ser quien es; el caso es que el 7 de enero pasado se posicionó como el hombre más rico del mundo, con un patrimonio que superaba en un 35 por ciento al de Bill Gates, en un 67 por ciento al de Carlos Slim, y además al de Jeff Bezos, el fundador de Amazon.


Y aunque pronto, la lista de los hombres más acaudalados tuvo movimientos, y al 11 de febrero, Bezos volvió a ser el hombre más adinerado del orbe; es muy significativo que el fundador de Tesla y de SpaceX, considerado el hombre del futuro, haya subido a los primeros sitios con un rapidísimo crecimiento de su fortuna, debido al incremento del 40 por ciento de las acciones de Tesla, a causa de la producción de la nueva planta de Shanghái y su demanda.


Entre las observaciones que se han hecho a su trabajo está el acometer proyectos demasiado futuristas para ser reales, que son muy grandes, y que no plantean soluciones viables. Ejemplo de lo anterior, es Neuralink Corporation, fundada en 2016 y enfocada al desarrollo de interfaces cerebro-computadora implantables, que actualmente se encuentra trabajando en un dispositivo para tratar a pacientes con discapacidades de orden neurológico, a través de la estimulación cerebral directa. Algunos científicos han opinado que esta iniciativa no representa ningún avance, pues se trata de manipular un órgano que ha comprendido décadas de estudio serio, a diferencia de Neuralink que lleva acaso cinco años, por lo cual aún existe mucho por desentrañar.


O bien, expertos vinculados a la robótica como es el caso de Rodney Brooks, fundador del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y cofundador de iRobot y Rethink Robotics, quien ha mostrado escepticismo frente a los productos de Musk, aduciendo a que seguramente, éste no comprende los progresos de la inteligencia artificial, pues cabe decir que, no obstante, Musk es comparado muchas veces con el visionario Tony Stark, el hombre tras el superhéroe ficticio de Marvel, por la dedicación e inversión de tiempo y dinero en sus proyectos vanguardistas; por otra parte, ha expresado una seria aversión hacia la inteligencia artificial, opinando que debería regularse el manejo de los robots en relación a la humanidad.


Y a lo anterior, se suman otros aspectos de la personalidad de Musk, que algunos biógrafos se han encargado de analizar, tales como la exigencia con sus subordinados y su adicción al trabajo, que lo han llevado incluso, a tener diferencias con sus empleados, pues no comprende por qué deberían faltar al empleo, en caso del nacimiento de sus hijos, por ejemplo, pues él mismo no se permite esas oportunidades, trabajando de sol a sol gran parte de la semana.


Hombre productivo


Elon Musk trabaja aproximadamente de 85 a cien horas a la semana, una jornada que ha reconocido le permite ocuparse en ingeniería, hasta en un 85 por ciento de este tiempo, distribuyéndolo casi a la mitad entre SpaceX y Tesla.


Empieza su día a las 7 de la mañana, duerme sólo seis horas; se da un baño, seguramente rápido; no desayuna, si puede toma algún café y un omelet, si el tiempo se lo permite; a partir de ahí, su agenda está dividida en tareas de cinco minutos.


Casi no sale a comer, ya que toma su lunch en juntas, pero sí reconoce cenar demasiado en las reuniones de negocios.


Para eficientar sus actividades, no contesta llamadas telefónicas y usa un correo con dirección secreta para evitar recibir mensajes de spam.


Eso sí, Musk acude a ejercitarse dos o tres veces por semana y dedica también tiempo a la lectura de biografías de innovadores y otros singulares títulos como 12 contra los dioses, de William Bolitho.


Los sábados puede ser que trabaje en Space X o conviva con sus cinco hijos, y los domingos, viaja o permanece en su mansión.


Pese a lo anterior, lo ha conseguido, demostrando que aún su nada convencional forma de vida, ha dado resultados, convirtiéndolo en el hombre más acaudalado, que, por si fuera poco, como ha reconocido, no es algo que le interese tanto, sino en seguir sus sueños, olvidándose de la crítica.


Elon Musk nació en 1971, en Pretoria, Sudáfrica, por lo que pertenece a la generación X, aunque por sus hábitos y forma de vida, más bien parece millenial u otra generación más avanzada. Llegó al mundo en un tiempo en que se envió el primer correo electrónico, y dos años después de la llegada a la Luna, cuando no había suficiente documentación acerca de la informática.
Quizá emuló sus modelos a seguir: un padre ingeniero, y una madre nutricionista, primeros viajeros en volar desde Sudáfrica a Australia en un avión monomotor; una abuela materna, primera quiropráctica en Canadá, y otros tantos estímulos, que lo llevaron a poseer su primer ordenador a los 10 años de edad y a aprender a programar a los 12; a desarrollar a Blaster, su primer juego, y a venderlo en 500 dólares.
Poco más tarde dejaría Pretoria para buscar su destino en Norteamérica, aunque eso significara separarse de sus progenitores, pues estaba seguro que en esa región del mundo se cosechaban los avances más notables.



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