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  • Foto del escritorRedacción Relax

Hamtramck, el mundo en dos millas



Si hay una nación más cosmopolita en el orbe, es Estados Unidos de Norteamérica; quizás por esto, en su territorio, el debate en torno a la diversidad está latente hoy más que nunca. Muestra de ello es el estado de Míchigan, que, en su parte sur, contempla a una singular ciudad, que, en los últimos meses, ha sido foco mediático, en primer lugar, por su situación política, y en segundo, porque encierra una interesante mixtura racial, derivada, en gran parte, de la inmigración ocurrida durante las últimas décadas.


Donde menos se creía


Ocurrió en noviembre de 2021, cuando los habitantes de tres suburbios de Detroit, colindantes, al sur, con Indiana y Ohio, y al este, con una parte de Toronto, sumaron mayoría para dar el sí a alcaldes musulmanes y árabes con nacionalidad estadounidense, marcando un cambio en el poder político de dicha región. Se trata de Dearborn, donde convenció Abdullah Hammoud; de Dearborn Heights, que eligió a Bill Bazzi, y de Hamtramck, que se inclinó por Amer Ghalib.


Dado que las condiciones de vida de estos suburbios son muy parecidas, nos centraremos en Hamtramck, como muestra de lo cambiantes que pueden ser las poblaciones, de la necesidad de consensos y, sobre todo, porque tiene el mayor porcentaje de inmigrantes de Detroit. En sus dos millas cuadradas de territorio (poco más de cinco kilómetros cuadrados), suma poco más de 28 mil 443 habitantes, de los cuales, el 25 % son estadounidenses de origen árabe (mayormente yemeníes); 26.8 %, estadounidenses de origen asiático; 10 %, negros; y sólo 6.8 %, polacos-estadounidenses, de acuerdo con un censo realizado entre 2019 y 2020.

Volviendo al tema político, la noticia que dio la vuelta al mundo, hace dos meses, refería: “Hamtramck, la primera ciudad de Estados Unidos gobernada por musulmanes”, un hecho que, tiempo atrás, y sobre todo por los acontecimientos ocurridos a principios de este siglo, hubiera sido increíble.


Fue el 2 de noviembre de 2021 cuando Amer Ghalib, de 42 años de edad, originario de Yemen y enfermero de profesión, logró vencer en las elecciones para alcalde de Hamtramck, con un 69 % de los votos, siendo el primer musulmán con este cargo, y dejando de lado, con el 31 %, a Karen Majewski, originaria de Chicago, con una formación en inmigración y etnicidad estadounidenses, quien ha habitado gran parte de su vida en esta ciudad y quien ya ha ocupado dicho cargo anteriormente.


Majewski buscaba un quinto mandato de cuatro años, confiada en la experiencia que, según ella, le había permitido a la región, prosperar. No hay que olvidar que Hamtramck sólo había tenido alcaldes polaco-estadounidenses desde que se erigió como ciudad, hace ya cien años, por lo que el triunfo de Ghalib fue una verdadera sorpresa.


Gobernar para todos


Ghalib tiene ante sí grandes desafíos, pero, también, oportunidades, pues la política en la región es meramente local y las reuniones para llegar a acuerdos terminan en disputas; a este respecto, por ejemplo, temas como ondear la bandera del Orgullo LGBTQ+ y el uso de la marihuana son objeto de desacuerdo aún entre la administración anterior y la entrante. Por lo cual, a este gobierno le espera un largo proceso para poder cumplir con sus objetivos de campaña.


Otras de las problemáticas, además de la notable pobreza, son la infraestructura y la financiación de los servicios de la ciudad, a medida que nuevos grupos de inmigrantes de Yemen y Bangladesh intentan ganar más poder. Y para muestra, está el comercio. En 2002, se formó un distrito bengalí a lo largo de Conant Avenue, el cual fue conocido como ‘Pequeña Bengala’; en tanto, para 2008, otra zona semejante, entre Davison y Harold Street, recibió el título honorífico de ‘Bangladesh Avenue’. De esta manera, Akikul h. Shamin, presidente de la Asociación de Bangladesh de Míchigan, ha reconocido que los bangladesíes tienen en sus manos el 80 % de los edificios y negocios en la parte de Conant Avenue.


Diferencias que hacen la tolerancia


En Hamtramck, es normal ver a gente tan diferente entre sí; jóvenes con gorras y prendas de mezclilla, quienes se cruzan con mujeres ataviadas con túnicas y velo islámico, al tiempo que se escucha el parloteo multitudinario, de hasta 30 lenguas distintas. Los negocios, por su parte, tienen lo propio, pues sus nombres están en árabe, yemení, bengalí, bosnio y otros idiomas, como recordatorio de la presencia de sus habitantes. Pero, también, la religión es parte de esta atmósfera, ya que en esta ciudad se practica el islam, el cristianismo, hinduismo y budismo, y otras creencias tienen su breve espacio.


Tal es la disparidad entre los habitantes, que, en 2003, la Comisión de Relaciones Exteriores de la ciudad autorizó el izado de las 18 banderas correspondientes a los países de procedencia de los pobladores de Hamtramck, las cuales se muestran en la calle Joseph Campau, flaqueadas por una bandera estadounidense.


El pasado, como sede de la industria automotriz


La historia de esta región se remonta a la toma de posesión de Detroit por parte del coronel canadiense Jean François Hamtramck, luego de la evacuación de las tropas británicas.

Su inicio como sede de la industria automotriz ocurrió en el siglo XX, cuando, en 1910, Dodge Brothers Motor Company erigió una planta automotriz, lo cual llevó a una inmediata afluencia de inmigrantes europeos, la mayoría de ellos, alemanes y polacos.


En 1922, Hamtramck se incorporó como ciudad, evitando, con ello, la anexión de Detroit, y por tanto, su dependencia del estado.


Al finalizar el siglo XX, la producción automovilística decayó y los polacos más jóvenes se mudaron a otros suburbios, dejando la urbe semivacía y dando cabida a la disponibilidad para nuevas comunidades. Durante los siguientes años comenzó a ser poblada por inmigrantes de otras nacionalidades, quienes impusieron sus tradiciones y formas de vida, intentando adaptarlas a las reglas que encontraron en el país americano.


Hoy, nadie es dueño de Hamtramck, pero es el lugar que dio cabida a sueños y esperanzas de una vida pacífica, aunque fuera a miles y miles de kilómetros del lugar de origen; así, quien gobierne estas comunidades no debe olvidar este objetivo primordial, antes que los liderazgos que pueden zanjar mayores diferencias.


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