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  • Foto del escritorRedacción Relax

Merkel, a la altura de las circunstancias. Deja un gran legado





Con una postura racional ante las decisiones de la oposición en la política de su país, Angela Merkel terminó su gestión como canciller, una época en la que figuró como protagonista de la Unión Europea. Hoy, se habla del fin de una era para la región, se revisan los aciertos y los errores de su gobierno, lo que quedó en el tintero, que, por supuesto, da pie a la controversia; pero también, se habla de su popularidad, de una estabilidad influida, tal vez, por su forma tan directa y real de conducirse, tanto en su vida pública como en la privada.


Siendo una figura reconocida desde antes de 2005, cuando asumió la cancillería, Angela Merkel comenzó a vivir el escudriñamiento mediático, eclipsado, en parte, por la facultad que le confirió el pueblo alemán, por su influencia en los asuntos globales europeos y por otras circunstancias. ¿Cómo vive la mujer más poderosa del mundo?, ¿dónde?, ¿con quién?, han sido algunas interrogantes durante estos años, y en los últimos meses, se agregó la de ¿qué haría en su retiro?


De primera instancia, algunos medios de comunicación hablan de orfandad, al referirse a la conclusión del desempeño político de su Mutti (mamá, en alemán), como es conocida en su país, quien, consciente de la alternancia y del cambio, pero también de la pérdida de escaños de su partido, desde 2018, había anticipado que ya no intervendría en las elecciones de 2021, y que, por consiguiente, no ocuparía algún cargo político. Por su parte, la reconocida consultora Eurasia ve como un gran riesgo la salida de Merkel, aduciendo que es muy probable que se dé una división interna en la Unión Europea (UE), pues han sido sus habilidades de liderazgo las que han permitido establecer acuerdos, que, por supuesto, tienen que ver con la recuperación económica de ésta.


Una fuerte señal


Al resultar ganadora en las elecciones de 2005, el entonces presidente del Parlamento alemán, Norbert Lammert, se dirigió a ella y le dijo: “Querida Merkel, eres la primera mujer elegida para ser jefa de gobierno en Alemania. Una fuerte señal para las mujeres y, ciertamente, para algunos hombres”, y fue ahí, cuando comenzó todo. Los siguientes años fueron de gran actividad y de movimientos al interior de la política alemana, de alianzas, ajustes y desajustes, en los que Merkel hizo historia, llevando a cabo acciones trascendentales y ubicándose más hacia la derecha.


Desde el inicio de su mandato, en cada período, procuró mantener la productividad en el país, el fortalecimiento económico, un acercamiento a Rusia y a Francia, y con ello, predominó su liderazgo. Fue indudable su papel en el manejo de las crisis económicas que han abatido al Viejo Continente, pues en ellas, Merkel ejecutó una férrea política de austeridad y disciplina, logrando mantener sus efectos muy al margen de la economía de su país. Y aunque el mundo no olvida sus raíces comunistas, también ha destacado su ingenio como conciliadora, su talento como científica y su sobriedad para hacer acuerdos.


Se han escrito 16 años, en los que ha ocurrido un sinfín de acontecimientos, en los que sorteó problemáticas, como la caída del sistema mundial en 2008, las amenazas de disolución de la UE, la ola migratoria desatada hacia Europa en 2015, el Brexit y la pandemia de COVID-19, entre otras; todo ello, en medio de las coaliciones que tuvieron que vivir los frentes políticos alemanes.


Personalidad, parte del éxito


No obstante el arraigo político de Angela Merkel, en lo positivo, ha logrado acaparar la atención la forma en la que asumió el cargo de canciller, cometido que hizo sin otorgar concesiones a sus familiares o conocidos, al tiempo que no fue tentada por la ambición de poseer grandes riquezas y bienes inmuebles; de ahí que seguía viviendo en el apartamento que ocupaba junto con su marido, en el centro de Berlín, haciendo caso omiso de mudarse a la vivienda de la Cancillería, también ubicada en esta zona y que está a disposición de los jefes de gobierno; por si fuera poco, su hogar era custodiado por un solo policía.


Lo único que se conoció fue que, en 2005, adquirió una casita con jardín, fuera de Berlín, en la cual, además de resguardarse del ojo público, descansa los fines de semana y hasta cultiva algunos vegetales.


Otro aspecto por el que se distingue es por no haber lucido costosos atuendos durante el ejercicio de sus funciones políticas, sino, más bien, por usar coloridos coordinados, de sobrio diseño, como refieren algunas publicaciones: “Compra en grandes almacenes”. De ahí que, por ejemplo, en una conferencia de prensa, a la pregunta: “Nos damos cuenta de que llevas el mismo traje, ¿no tienes otro?”, Merkel respondiera de forma contundente: “Soy funcionario público, no modelo”. Además, al cuestionamiento “¿tienes ama de casa, limpiando tu casa, preparando tu comida…?”, contestó: “No, no tengo siervos ni necesidad. Mi marido y yo hacemos este trabajo todos los días”, dejando en claro que su vida no es ostentosa; asimismo, en ciertas ocasiones se le llegó a ver en algún supermercado, haciendo las compras de víveres, como cualquier ciudadano.


Asunto aparte es la relación que mantiene con su marido, Joachim Sauer, un químico y profesor de Fisicoquímica en la Universidad de Humboldt, quien es tan discreto y ha respetado tanto su trabajo, que, ante la insistencia de quienes le preguntaban por su vida privada, sólo se limitaba a responder que no hablaría de ello, lo cual le ha conferido el adjetivo de “hombre misterioso”; y es que, a través de estos 16 años, Sauer acompañó a su mujer en contadas ocasiones; una de éstas fue la cumbre del G20, celebrada en Hamburgo, en julio de 2017, ya que eran los anfitriones.


Quizá, lo anterior es parte del desempeño que debería tener cualquier figura con autoridad política en el mundo, sin embargo, en los tiempos actuales, en los que es complicado mantener la privacidad, en que los escándalos son noticia y en los que el poder se acompaña con la riqueza desmedida, un comportamiento como el de Merkel sí que es novedad.


Ante la pregunta de qué seguiría en su vida, después del referéndum para elegir nuevo canciller, ella fue firme al responder: “Seguro recibiré invitaciones. Pero si me pusiera a hacer una agenda de nuevo, sólo porque tengo miedo al vacío, no quiero eso”; y es que, debido a que incursionó en la política desde hace más de tres décadas, la funcionaria está consciente de que pensará muy bien lo que desea hacer. Tal vez, escribir, hablar, caminar, estar en su casa o viajar por el mundo…


Al cierre de esta edición, aún está en juego el futuro de la cancillería; habrá que decidir entre el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), representado por Olaf Scholz, o la coalición formada entre la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU), encabezada por Armin Laschet, aunque los expertos en política sugieren que es casi seguro que éste pierda. Y aunque el fin de la era Merkel ha sido calificado como un gran riesgo para el continente, ha ocurrido. El tiempo dirá si los caminos elegidos por la doctora en química cuántica, formada en física, y quien creció bajo el régimen comunista en Alemania oriental, eran los adecuados.

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