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  • Hedy Hernández

Tribus aisladas que ignoran la existencia de la civilización



En todo el mundo, existen más de cien tribus que decidieron mantener apartadas su cultura y tradiciones, sin establecer contacto con la civilización exterior. A continuación, mencionamos algunas de ellas.


Los sentineleses

Radican en la isla Sentinel del Norte, ubicada en el archipiélago de Andamán y administrada por la India. Dicha región, de apenas 60 km2 y compuesta, principalmente, de piedra caliza y coral, situada en el golfo de Bengala, se encuentra a más de mil kilómetros de cualquier puerto de salida en la India continental.


Son extremadamente altos, miden alrededor de 1.80 metros, a diferencia del resto de los nativos del archipiélago, por lo que se cree que pueden ser descendientes de los primeros pobladores que abandonaron África, hace 60 mil años, con rumbo a Australia, por la costa sur de Asia.


Las mujeres visten cuerdas, atadas alrededor de la cintura, cuello y cabeza, mientras que los hombres llevan collares, cintas en la cabeza y cinturones anchos. Manipulan el arco y las flechas, recolectan en la selva y pescan con rudimentarias lanzas con punta de metal y arpones; construyen unas canoas muy estrechas, con hachas de piedra, que sólo se pueden usar en aguas poco profundas, ya que son dirigidas e impulsadas con una especie de pértiga.


Se estima que sólo quedan entre 50 y 150 miembros de la tribu en la isla.


Los korowai

Conocidos, también, como kolufo, son un pueblo aborigen del sureste de Nueva Guinea, Indonesia, en las vastas selvas de la cordillera Jayawijaya.


Se considera que es la última tribu con prácticas caníbales que aún existe; matan y se comen a los que consideran khakhua o brujos del inframundo, que toman forma humana y son responsables de las muertes misteriosas de los miembros del grupo.


Su principal característica es que viven sobre la copa de los árboles banyan o wanbom, que se caracterizan por su gran altura. Esto, debido a la antigua rivalidad entre pueblos, que los forzó a construir sus casas en aquellos sitios. Algunas de ellas alcanzan los 40 metros de altura. Creen que, ahí arriba, aseguran su protección ante espíritus malignos y frente a los animales salvajes que abundan en el lugar, insectos y otras inclemencias ambientales, como inundaciones.


Las viviendas son símbolo de estatus, entre más elevadas, mayor es el prestigio del clan, y suelen durar, aproximadamente, cinco años. En ellas, conviven grupos formados por diez o doce individuos, incluidos sus mascotas y animales domésticos. Para edificarlas, usan troncos gruesos, a modo de pilares; ramas, anudadas por lianas, y palma, para los techos y pisos. Recubren las paredes con rollos de corteza de los árboles. La planta está diseñada en secciones recortadas: en el centro, tiene un hogar que permanece encendido; varias cuerdas enterradas sujetan dicha área donde se prende el fuego, para que, en caso de que las llamas comiencen a incendiar la cabaña, se pueda tirar de ellas, para que la hoguera caiga a través del suelo. Un tronco de árbol seco con muescas se cuelga en la parte inferior de la casa y es utilizado como escalera; una de sus reglas sociales es que los hombres suben primero, y luego, las mujeres.


Viven de la caza, la pesca y de la recolección de frutos; además, son horticultores. Su dieta se basa, principalmente, en la carne de cerdos salvajes, ciervos, plátanos y harina de la palma de sagú. Actualmente, quedan entre 3 mil y 4 mil miembros en total; hablan una lengua del grupo awyu-dumut, la cual se conoce como korowai o kolufaup; de ahí, el nombre de la tribu.


El 'hombre del agujero'

Al interior de la selva del Amazonas, en el territorio indígena de Tanaru, ubicado en el estado noroccidental de Rondonia, Brasil, habita un hombre solitario, musculoso, de 50 años de edad, aproximadamente, mejor conocido como el ‘hombre del agujero’. Se le ha llamado así porque cava, en el centro de unas chozas de palma, enormes hoyos, de cinco metros de profundidad. No se sabe para qué los utiliza, pues abandona las cabañas en cuanto alguien se acerca a ellas.


Se cree que la mayoría de los miembros de su tribu fueron asesinados en las décadas de los 70 y 80, después de que se construyera una carretera en las cercanías, como acceso a la selva, para su explotación ilegal (especialmente minera y maderera), lo que provocó distintos ataques a grupos indígenas, siendo él el único sobreviviente.


Tiene una estatura de 1.70 metros, ojos pequeños y lleva el pelo hasta las rodillas, atado en una cola de caballo; a veces, se deja el bigote, lo que no es normal en un indígena. Para taparse, utiliza fibras de buriti (un tipo de palmera) amarradas al cuello y colgadas en la espalda.


Puede que nos parezcan extrañas estas formas de vida, y un tanto primitivas, sin embargo, poseen algo que la civilización globalizada no: su auténtica relación con la naturaleza.


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